October 6, 2006

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Por José López Zamorano

¿FESTEJOS DE HISPANIDAD?

Con el mes de septiembre llega el rito anual que da oportunidad a políticos de todos los colores de llenarse la boca de hispanidad. Se emiten bellas proclamas en español en la Casa Blanca y en el Congreso, y se celebra con bombo y platillo la herencia hispana como pieza valiosa de la identidad nacional.

La realidad es que a 229 años del nacimiento de la nación, los hispanos somos aún vistos por muchos como gente de segunda, tengamos o no la residencia legal o la ciudadanía. Somos bienvenidos como mozos de rigor al festín de las nacionalidades, pero casi nunca como los invitados de honor.

Nada define más el carácter de los hombres que su voluntad de acometer el sacrificio último de dar la vida por la Patria. Y los hispanos hemos peleado, hombro con hombro, en todas las grandes y pequeñas batallas de la nación, desde la Guerra Civil hasta Irak.

No importa que se nos regatearan las medallas, como al mexicano de Chihuahua Alfred Rascon, cuyo reconocimiento al valor de Vietnam, al usar su cuerpo como escudo en defensa de sus camaradas en 1966, demoró 30 años hasta que la recibió de manos del presidente Clinton.

No nos importó que fuéramos en calidad de indocumentados a pelear y morir en los desiertos del Medio Oriente, como el soldado raso colombiano Diego Fernando Rincón, un jovencito de 19 años asesinado en combate en Irak en el 2003, sin tener la obligación legal de pelear por Estados Unidos.

No creo que ninguno de ellos lo hiciera para obtener la ciudadanía póstuma o sólo por necesidad económica.

Por eso duele en lo profundo lo que pasa en las tierras americanas en el mes de la Hispanidad. Es el mes en que el Congreso exclama un “Sí” a los muros en la frontera sur, pero susurra un “No” a la legalización.

Hemos caminado muchos pasos desde que Joseph Marion Hernández se convirtió en el primer hispano en llegar al Congreso en 1822. Habemos 24 en la Cámara Baja y tres en el Senado, pero seguimos mal representados y divididos. Somos ya la minoría más grande del país, pero también los menores de edad de la participación política.

Nada nos ha llegado gratis y nuestro futuro es el de una lucha –tenaz, legítima— de argumentos contra las fuerzas que nos quieren frenar.

Celebremos, sí, la hispanidad, pero sin hipocresías, y como reafirmación de que la diversidad racial, étnica, y cultural representa la fuerza y no la debilidad de la nación. 

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