November 22, 2006

Cine de gran presupuesto

Déjà vu es entretenida y confusa

Por Jose Daniel Bort

Muy pocos productores en Hollywood están haciendo las grandes películas de muchos millones de dólares invertidos donde lo importante es la acción más que los contenidos. Uno de los pocos que lo está haciendo es Jerry Bruckheimer, productor de Armageddon y Pearl Harbor, quien viene una vez más con esta cinta Deja Vu.

Para hacerla, el productor se une una vez más con el director Tony Scott, con quien ha hecho otras seis películas, y con Denzel Washington, quien a sus cincuenta años pareciera que tiene todavía muchos años por delante como protagonista. El resultado es grande, ruidoso y convoluto, tal como le gusta a los amantes del género.

Scott como creador siempre tiene a actores latinos en lugares prominentes en la historia. Esto es de agradecer en un Hollywood cada vez más hostil a minorías. Esta vez Scott confía en Enrique Castillo como el padre de la víctima en un ataque terrorista de gigantescas dimensiones en la mitad del delta del Mississippi.

Washington es Carlin, un agente de la oficina del ATF (alcohol, tabaco y “firearms”) que llega de inmediato a la escena del crimen y descubre que una de las víctimas no murió en el accidente, sino un par de horas antes. La belleza de la chica lo devora internamente, y se convierte en su motivación personal para descubrir este ataque terrorista, que con 500 víctimas es fácilmente comparable a los de 9/11.

Es aquí donde la suspensión de la realidad se hace difícilmente tangible. Los cineastas tardan diez minutos en explicar una mentira que tiene que ver con las fotos por satélite que se ven en Google, para luego justificarlo con algo mucho más complicado aun, que tiene relación directa con el título de la película.

Deja Vu es la sensación de haber visto o experimentado algo que ya pasó, y que muchos conspiradores conectan a la teoría de universos paralelos de la física quántica. Carlin es capaz de cambiar el rumbo de los acontecimientos y lograr que lo inimaginable no suceda. Una resolución climática al horroroso ataque terrorista que sufrió la nación.

El mayor problema de la película es que para agrandar la acción y hacerla coherente con una estructura narrativa, los cineastas obligan al personaje de Washington a tomar una serie de decisiones completamente ilógicas y peligrosas cercano a su resolución, y la película pierde el buen rumbo que tenía planteado.

Washington está en tope de condiciones aquí otra vez con un personaje demasiado increíble como para ser tomado en serio. El actor es incapaz de estar errado en sus personajes, y de la misma forma como demostró en marzo con “Inside man”, no es simplemente uno de los mejores actores de Hollywood, sino el mejor.

Toda la película se ajusta al estilo visual acrobático de Scott quien se especializa en cine a gran escala. Es un paso adelante con respecto a la errática “Domino”, su última película, pero el director todavía lo puede hacer mejor. Deja Vu es otra más en la larga lista.

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