November 17, 2006

Comentario:

El epicentro del cataclismo migratorio

Por Humberto Caspa, Ph.D

Por muchos años, un buen número de sismólogos vaticinaron un movimiento telúrico devastador en el Sur de California. Dicho movimiento todavía no se ha concretado, pero mucha gente, particularmente familias latinas y ciudadanos latino-estadounidenses, reaccionan como si estuvieran sintiendo sus efectos trastornadores.

El sismo que acaba de afectar California, sin embargo, tiene repercusiones sociales y proviene desde los orificios municipales más conservadores de la nación. Las consecuencias de sus políticas no han destruido edificios en Los Ángeles, tampoco han desbaratado los puentes en San Francisco, ni siquiera han hecho desbordar las aguas de los ríos y el mar, pero es tan destructivo como un sismo de 9.0 en la escala de Ritcher.

Hoy, muchas familias latinas se encuentran al borde de la desesperación en algunas regiones de California y otras ciudades en otros estados. A pesar de que este país les provee una estabilidad económica relativa, el status político y social de esta gente cada vez está en decadencia.

Muchos trabajan sólo para sobrevivir. De momento su mayor objetivo es mandar una migaja de dinero a sus familiares en sus países de origen, donde las condiciones de vida son más precarias y las oportunidades de trabajos son virtualmente nulas.

Por otra parte, a pesar de la victoria de los demócratas en el Congreso, la incertidumbre de más de 12 millones de indocumentados se ha incrementado. Mientras los ciudadanos a nivel federal pretenden redefinir una cultura política menos antagónica a la democracia, en algunos gobiernos municipales esta misma gente estimula la emergencia de gobernantes autoritarios y cuasi-fascistas.

El pasado 7 de noviembre el electorado local de la ciudad de Costa Mesa, California, rectificó su postura anti-inmigrante. En marzo de 2005, Costa Mesa se había convertido en el epicentro del movimiento telúrico anti-inmigrante con el cierre de su Centro de Trabajo. Hoy, la cúpula gobernante de esta ciudad no solamente reacredita su extremismo derechista, sino también reafirman sus pasos hacia una ciudad altamente intolerante.

Los resultados electorales de las elecciones no conllevan buenas noticias para la población latina en Costa Mesa. Allan Mansoor, figura central de los cambios durante los últimos dos años, fue reelegido por un margen relativa-mente convincente. Su compañera de campaña, Wendy Leece, también fue ganadora de una curul con más de 800 votos con relación a su inmediato perseguidor Bruce Garlich.

Si ayer el gobierno municipal produjo un movimiento social devastador, hoy con su nueva aliada en el gobierno supongo que crearán un Tsunami con consecuencias catastróficas para las familias latinas y latina-estadounidenses.

Wendy Leece es una mujer con un idealismo ultra-conservador muy cerrado. En su corta estancia en la mesa directiva de educación del Distrito de Newport-Mesa, su presencia y sus proyectos crearon mucha inestabilidad. En cartas dirigidas a un periódico local, Leece sostuvo que las escuelas están proyectando demasiada ayuda a los estudiantes minoritarios, y que la educación pública debería restringirse a los elementos considerados “ilegales”.

Asimismo, uno de los elementos centrales de su campaña política fue el apoyo a la ordenanza migratoria del alcalde Mansoor. La política de Leece concuerda conspicuamente con el proyecto segregacionista de Martín H. Millard, el supremacista blanco y arquitecto del plan que pretende expulsar a los latinos de Costa Mesa.

Con la ayuda de Leece, es probable que el gobierno local finalmente imponga sanciones a cualquier persona que patee un balón de fútbol soccer en los parques recreacionales de esta ciudad, empezando por el Paularino Park. Ordenanzas que sancionan a los dueños de departamentos por rentar a personas indocumentadas y otros proyectos radicales serán las posibles medidas del nuevo gobierno.

En consecuencia, Costa Mesa continua siendo el epicentro de la problemática migratoria y es un microcosmo de los aconteceres nacionales. Con la nueva cúpula extremista de la derecha en el gobierno, las familias latinas y los residentes latino-estadounidenses de esta ciudad se encuentran entre “la cruz y la espada”.

A principios de este año los Latinos sumaban alrededor de 40% de más de 110,000 habitantes. Hoy, su éxodo es inminente. “Bienvenidos a Costa Migra” decía el periódico Orange Coast Voice en su página frontal. Ese es un fiel reflejo de lo que sucede en esta ciudad.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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