November 17, 2006

Sobre el Viejo/Nuevo panorama político

Bobby revive las lecciones del pasado en la dificultad del presente

Por Jose Daniel Bort

Los productores de la película Bobby decidieron evitar cualquier controversia alrededor de las elecciones de mitad de término y lanzaron su película justo después de la batida democrática en ambas salas del congreso. De haber sido un poco más valientes esta película hubiese reverberado en la estela de un partido desesperado por conseguir una voz certera e identidad.

Y aquella mañana del seis de junio de 1968, los demócratas tenían a alguien que era la perfecta encarnación de sus problemas actuales. Bobby Kennedy prometía mantener y agrandar el legado de JFK y tomar al país en guerra hacia un nuevo capitulo diferente de la administración de aquel momento. Un grupo de balas furtivas terminaron con la vida de uno de los hombres mas importantes del partido demócrata y con las ilusiones de un pueblo americano listo para un cambio.

Este es el marco histórico de la película “Bobby” dirigida por Emilio Estévez. 22 personas conviviendo en el hotel Ambassador esperaban el resultado de las elecciones primarias que convertirían a Kennedy en el candidato presidencial de ese año. De forma exponencial y a través del diálogo, sus vidas se desdoblan ante la cámara y vemos como son afectadas por los hechos históricos.

Interesante premisa que es entregada con la garra y la pasión de una película para televisión. Estévez deja que personajes y diálogos acartonados dominen la acción, y no saca provecho a las tramas más emocionantes de la historia. Es un resultado variopinto con menos aciertos que resultados aplatanados.

El mejor momento de la película viene cortesía de “El señor intensidad” Laurence Fishburne, que con los años y las arrugas ha adquirido una personalidad mucho más grande que su ser (imagínense “The matrix” a la enésima). Aquí le sirve de maravilla ya que el actor es un cocinero con ánimos de justicia social incapaz de ir a ver el partido de los Dodgers, y en mágica sabiduría samaritana se lo otorga al menos controversial de los chicanos, actuado por el puertorriqueño Freddy Rodríguez.

El resto de los “momentos” dependen de los actores y de que tan seriamente se tomaron sus personajes. Este es el principal problema de la película, llena de “momentos” pero llana e inconclusa hasta un clímax que aunque bien montado (Estévez superpone el pietaje del asesinato con su propia versión y funciona) no termina de satisfacer emocionalmente a ninguna de sus historias.

Kudos para William H. Macy y Lindsay Lohan, quienes brindan los otros trabajos prominentes del elenco. Los latinos están muy bien representados con Rodríguez y Jacob Vargas, quien también se luce en una escena cargada de tensión social. Es muy difícil hacer que este tipo de películas tengan una resolución orgánica, y Bobby lo demuestra una vez más. Quizás a las nueve de la noche en el canal de televisión abierto tenga una mejor lectura.

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