November 10, 2006

Muerte, enfermedad, crisis:
¿Cómo reaccionan nuestra mente y nuestro cuerpo ante estas situaciones?

Por Doctora Luz

Parte 1

La gente más hermosa que hemos conocido es aquella que no se ha dejado vencer, conoce el dolor, conoce la lucha, conoce la pérdida, y ha salido de lo más profundo. Estos seres conocen el aprecio, la sensitividad, y un conocimiento de la vida que los llena de compasión, gentileza, y una profunda preocupación amorosa por los demás. La gente bella no nace se hace.

–Kubler-Ross

¿Qué sucede cuando alguien muere de repente, se vive un divorcio, se pierde un trabajo sin oportunidad de conseguir otro, es víctima de una deportación, va a la cárcel, le diagnostican una enfermedad terminal, se pierde una pierna o cualquier otra parte del cuerpo, etc.? Se ha descubierto, a través de las investigaciones, que aquel que vive todo este tipo de pérdidas dolorosas experimenta un ciclo de emociones: shock, negación, coraje, negociación, depresión, y aceptación.

Kubler-Ross nos describe las etapas que experimenta una persona cuando pierde un ser querido. Al recibir la noticia de que un ser querido ha muerto, la primera reacción que le acontece al individuo es entrar en una especie de shock. En esta primera etapa, “shock” es como paralizarse, como si la vida se moviera en cámara lenta, como si estuvieras fuera de tu cuerpo y observaras sin sentir, sin llorar, como si tus sentidos perdieran la capacidad de escuchar, de ver, de saborear, de sentir, y sientes un dolor en el pecho y pesadez en el cuerpo. Contrariamente, las personas a tu alrededor comentarán, sorprendidos, lo bien que manejas tus emociones y otros dirán que no sabes cómo expresar el dolor. Pero lo que no saben es que esta etapa de shock te da la oportunidad de empezar a digerir la situación sin perder el control de un cambio en tu vida —una experiencia aflictiva, dolorosa—. Tu inconsciente te dirá cuándo estará listo para afrontar el dolor y así buscarás el espacio para llorar. Cuando llegue el momento de llorar, llora, permítete expresar tus sentimientos. Lo difícil es que muchos familiares juzgan y te quieren decir cómo debes actuar, expresar, y sentir. Pero aun así expresa tu dolor, ya que tú eres el que necesitas sanar.

La siguiente etapa es la “negación”, donde no puedes creer lo que sucede. Te dirás: “esto no es posible”, “ahorita regresa”, “el diagnóstico es un error”, “todo está bien”. Esta etapa se vive más intensa cuando a una persona se ve en una situación sin salida, como un diagnóstico de una enfermedad grave. Las personas que no se permiten expresar dolor o coraje, pero quieren aparentar “el qué dirán”, el que todo está bien, se anclan en esta etapa y muchas de ellas expresan dolores físicos, aun sin tener enfermedades. Estos pensamientos son normales, ya que se está tratando de digerir la realidad. Pero cuando sientas coraje, exprésalo, ya que te ayudará a salir de esta etapa.

La siguiente etapa es la de coraje. Te dirás: “¿Por qué yo?”, “¿Por qué me haces esto, Dios?”, “si yo no lo merezco, otros son peores”, etc. En esta etapa, tu nivel de expresión de coraje depende de tu personalidad. El coraje se lo diriges a Dios, a tu esposo(a), a los doctores, a ti mismo o a la persona que murió. Este sentimiento de coraje es normal; pero una continua expresión de coraje te puede llevar a sentir ansiedad y a experimentar acciones de venganza. Debe existir un balance entre expresar el coraje y retenerlo; puesto que el guardarlo por dentro daña tu cuerpo y alma. El balance deriva en poder verbalizarlo con alguien y llorar. El coraje se puede utilizar en algo constructivo, como empezar una fundación relacionada con la muerte de tu ser querido, etc.

La siguiente etapa es la de la “negociación”, esto es, llegar a un acuerdo para cambiar la realidad. “Dios, si tú me sanas te prometo que nunca más probaré una gota de licor”, “si él regresa, Virgencita de Guadalupe, te visitaré de rodillas”. En estos diálogos internos con Dios y/o con nosotros mismos reestructuramos conceptos de la vida.

La siguiente etapa es cuando es inevitable la realidad, la depresión. “No puedo creer lo que sucede”. La desesperanza, el sentir una tristeza profunda, como si le hubiéramos fallado a alguien; malestares físicos como de dolor de cabeza, de estómago, de pecho y cansancio, no dormir, dormir mucho, ansiedad, inmovilización, deseo de morir en unos casos; llantos repentinos, el continuo pensar, dificultad en llevar a cabo las labores del día, la falta de interés en las actividades y de otros seres alrededor. Lo anterior es generado por un estado profundo de depresión, el cual nos afecta moral y físicamente. Si no rebasamos esta etapa es probable que nuestra vida laboral, personal y afectiva se vea rotundamente afectada y/o dañada.

La última etapa es la “aceptación”. En la aceptación, la persona continúa sintiendo la depresión; pero reconoce que su vida sufrió un cambio, una evolución —a pesar de que ésta haya sido dolorosa—. En esta etapa, el que va a morir ya no desea pelear la muerte y se prepara para irse con dignidad. Es aquí donde la persona termina su ciclo y con el tiempo se va recuperando. Estas etapas duran entre un año y dos. No es lo mismo para todos, depende de las circunstancias y de la personalidad del individuo.

Sin embargo, algunos se enfrascan en la situación y retroceden o recaen en diferentes etapas, ya sea porque no las vivió de una manera necesaria para sanar, porque no ha aceptado la realidad, porque tiene miedo al mañana, o porque la circunstancia dejó un asunto pendiente o un sentimiento de culpa o bien, es una manera de no soltar el pasado. Mientras no hayamos aprendido la lección verdadera del pasado y de su dolor siempre estarán con nosotros como sombra.

La importancia es vivir cada etapa, entregándole el tiempo que sea necesario y permitir que nuestra alma, nuestros sentidos, nuestra mente y nuestro cuerpo sanen y se renueven. Después de la tormenta siempre saldrá el sol.

* Se pueden comunicar con la Doctora Luz María Villanueva González Ph.D: luzmariav1@cox.net o al teléfono (619) 434-7779.

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