November 10, 2006

Comentario:

El sabor agridulce de las elecciones

Por Humberto Caspa, Ph.D

El partido político que más afinidad tiene con los intereses de la población latino-estadounidense tuvo un día inolvidable. Los demócratas ganaron en muchos distritos electorales, ahora tienen la mayoría en el Congreso y acaban de instalar, por primera vez, a una mujer como Presidenta de la Cámara Baja. Éste es un hecho histórico sin precedentes. Va a mover el tapete de la política a nivel nacional y doméstico. La pregunta del momento es: ¿Cuándo?

Con relación a la política exterior, los cambios ocurrirán más a nivel administrativo que a nivel estratégico a pesar de la sorprendente salida del Secretario de Defensa Ronald Rumsfeld. Por muchos días se había especulado su democión, pero muy pocos se imaginaron que iba a suceder al día siguiente de las elecciones. Esto indica claramente la fuerte presión que ejercieron sobre el Presidente los miembros del partido Republicano en el Congreso.

Hoy Rumsfeld se convierte en la primera víctima de las elecciones. La administración Bush lo va a convertir en el chivo expiatorio de su gobierno y de sus magras políticas en Irak. Por cierto Rumsfeld no es el último, sino habrá otros conforme el gobierno trate de moldearse a la nueva coyuntura política.

El día miércoles, el presidente Bush eligió a Robert Gates como reemplazante de Rumsfeld. Se espera que el nuevo Secretario de Defensa provea un nuevo plan en el conflicto con Irak. Dicha estrategia militar será diferente al elaborado por Rumsfeld, pero en el fondo tendrá los mismos condimentos.

Las fuerzas militares se mantendrán en tierras iraquíes hasta que una orden de retreta sea autorizada por el Presidente. Como Bush siempre ha destacado que la guerra en Irak está intrínsicamente relacionada con la guerra contra el terrorismo, difícilmente va a disponer que las tropas estadounidenses empiecen una desmovilización masiva. “El objetivo de la guerra en Irak es ganar”, ha sido un dicho concurrente por el Presidente. Y dentro de estos planes no está incluido el retiro de los soldados norteamericanos.

Es probable que Gates disponga una estrategia pasiva en el conflicto. Es decir que las tropas norteamericanas se mantengan en sus bases militares, traten de evitar enfrentamientos con efectivos milicianos y dejen que las fuerzas armadas de Irak hagan el trabajo “sucio”.

Desde un punto de vista político, esta estrategia tendría resultados positivos con el electorado nacional debido a que existirían menos bajas de soldados estadounidenses. Empero, en términos militares, ignorar la emergencia guerrillera de diversas facciones aumentaría el nivel de combates entre sunitas y chiítas en una guerra civil no declarada. Eventualmente, Irak quedaría convertido como la ciudad bíblica de Gomorra: Llena de caos, ingobernabilidad, anarquía y plasmada en una guerra sin cuartel.

En este sentido, al nuevo Secretario de Defensa le quedan muy pocas opciones para poner fin al conflicto en Irak. Lo que les resta es simplemente una retreta en escalas o masiva, mismas que no están contempladas en el libreto del Presidente.

Por otra parte, los demócratas nunca han tenido una estrategia propia con relación al conflicto en Irak. En lo que resta de la Administración Bush, dudo que la nueva líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, proponga un proyecto de su partido. Los demócratas prefieren que el Presidente y sus asesores las diseñen y sean ellos también los responsables de las desavenencias de esos proyectos.

En términos de política doméstica, los Demócratas a menudo han demostrado tener inclinación por un programa migratorio integral que beneficie a los trabajadores indocumentados. A diferencia de otros periodos, hoy existe una cúpula de representantes demócratas en el Congreso, especialmente en la Cámara Baja, que tienden a simpatizar con las políticas anti-inmigrantes. Es decir, son demócratas de fachada pero tienen el alma Republicana.

En todo caso, un programa de migración integral que provea una política de legalización va a ser muy difícil de conseguir durante los los próximos dos años. No debemos olvidarnos que los representantes en la Cámara Baja son elegidos por un lapso de dos años. Cada vez que se acercan las elecciones sienten la presión de sus constituyentes en los municipios locales, cuyas mayorías pertenecen a los grupos anti-inmigrantes mas radicales de los últimos tiempos.

Así, las buenas nuevas de las elecciones están entremezclados con malas noticias para la población latina. Esto nuevamente nos com-prueba que en la política nunca nada es perfecto.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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