November 3, 2006

Comentario:

¡Pobre Angelides!

Por Humberto Caspa, Ph.D

Mientras la contiend electoral a nivel federal ha sido dominado por una retórica de la Guerra en Irak, el terrorismo y el caso Foley, las elecciones estatales –por lo menos en California— no han tenido un factor determinante.

En consecuencia, el carisma del candidato, su capacidad de enfrentarse a los medios de comunicación y su interacción con el público, han sido elementos claves para ponerse a la vanguardia de las elecciones de noviembre. Como el Tesorero del estado de California Phil Angelides no tiene ni lo uno ni lo otro, su campaña política no ha logrado levantar una pizca de polvo y está a punto de irse por la borda.

Pobre Angelides, su candidatura para gobernador no llegó en el momento preciso o simplemente no supo escoger la estrategia política apropiada para vencer el carisma de un gobernador hecho en Hollywood. Conste que Angelides es una persona inteligente, fue graduado de las Universidades de Harvard y Yale, y tiene a su favor muchos años de experiencia pública y política en Sacramento.

Los pergaminos académicos y políticos de Angelides, sin embargo, le sirvieron de poco en la presente contienda electoral. Para empezar no supo escoger bien a los responsables de su campaña política. Su equipo cometió un error estratégico al tratar de asociar la figura del presidente George W. Bush con la del gobernador Arnold Schwarzenegger.

Angelides y su equipo pensaron que el caso de Senador Joe Lieberman, quien perdió en las elecciones primarias de Connecticut por apoyar al gobierno de Bush en la guerra de Irak, sería una consigna política exitosa. No resultó, fue una error táctico y ahora están pagando los platos rotos.

Evidentemente los ratings de aprobación del Presidente Bush están a un 30% y la guerra en Irak es cada vez menos aceptable, empero el Gobernador nunca votó en el Congreso a favor o en contra de la guerra. Entonces no existe una relación directa entre Schwarzenegger, el Presidente Bush y la Guerra en Irak. Al no existir esa relación, la estrategia difícilmente podía funcionar a pesar de que el Gobernador fue un elemento significativo en la reelección de Bush en las elecciones presidenciales del 2004.

Por otra parte, cuando era necesario volver a retomar la retórica de las magras “elecciones especiales”, los alquimistas políticos de Angelides nuevamente se equivocaron. No tomaron esa iniciativa. Recordemos que el Gobernador Schwarzenegger puso al electorado californiano al filo de la confrontación y la polarización a través de unas elecciones especiales espurias. El fisco estatal se endeudó ridículamente sólo para cimentar su ego.

Angelides tenía todo el campo libre para elaborar una campaña política coherente. Podía haber convertido las “elecciones especiales” en el eje central de su campaña y acertarle, desde un inicio, un golpe certero a Schwarzenegger. Los sindicatos del sector público, quienes fueron puestos en la silla de los acusados durante las elecciones especiales, siempre han tenido recursos económicos y logísticos para debilitar a los republicanos.

De acuerdo a lo observado en los medios de comunicación, una estrategia cohesiva entre los sindicatos y Angelides no se hizo presente a un principio de su campaña. Sólo llegó al final, cuando los panes ya están por quemarse.

Claro que hay que ser objetivo a la hora del análisis. No debemos olvidarnos de la sapiencia política del equipo del gobernador. Fueron ellos quienes le recomendaron que se disculpe y, si fuera posible, que se perdone por el error garrafal de las elecciones especiales. “La elección especial fue uno de los errores de mi primera gestión de gobierno”, dijo Schwarzenegger durante el único debate público con Angelides.

Asimismo, el Gobernador supo gestionar a último momento con la Asamblea de Representantes y el Senado del estado de California. En contadas ocasiones, Schwarzenegger estuvo firmando acuerdos con asambleístas demócratas. A los angelinos les robó el corazón con una visita personal al alcalde Villarraigosa.

A no ser que no surja un hecho patético de la vida del Gobernador, todo parece indicar que será reelegido por otra gestión de cuatro años. Esta vez, como prometió en contadas oportunidades, esperemos que sepa guiarse por sus habilidades políticas y no por su ego Hollywoodense.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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