November 3, 2006

Oaxaca urge

Por Raúl Ramírez Baena
Presidente de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste, AC

Mientras escribo esta columna, la PFP y el Ejército han comenzado a intervenir en Oaxaca para “poner orden y restablecer la paz” en esa entidad.

Los gobernadores, senadores y diputados del PRI, después de tantas derrotas de su partido, en lugar de aprender la lección que les ha dado el electorado a partir del 2000 y de rectificar en favor de los intereses de la nación, medran sus posturas en el Congreso a costa de Oaxaca. Hasta hoy, su voto ha sido la “moneda de cambio” que ha chantajeado a una fracción panista inexperta y asustada con el fantasma del “si cae Ulises por presión popular, el que sigue es Felipe…”.

La falta de oficio político hace presa fácil a los panistas de colmillo retorcido de los Emilio Gamboa Pascoe (“va pa’tras, papá”), Manlio Fabio Beltrones (investigado en el pasado por narcotráfico en los EUA), Elba Esther Gordillo y demás. A éstos no les interesa que el país se incendie si siguen sacando raja del poder. Han conseguido hasta hoy en el Congreso las mejores posiciones manejando el asunto Oaxaca, ¡siendo la tercera fuerza política! Qué les importa Ulises Ruiz, (des) gobernador de Oaxaca. Les importa su sobrevivencia.

Las cosas en Oaxaca han llegado a tal grado que hoy ya no es suficiente la salida del gobernador o el regreso a clases. El conflicto ya trascendió y exige una solución de fondo a la marginación y a la pobreza en esa entidad y el resto del país, que son las causas estructurales que detonaron el conflicto. Eso requiere, indudablemente, del cambio de las políticas económicas y sociales neoliberales. Pero por los compromisos contraídos por Felipe Calderón en campaña para ganar a como dé lugar y por las presiones de que es objeto desde los poderes fácticos que lo apoyaron, está difícil.

Oaxaca, hoy, es la representación pura del hartazgo social, del cansancio popular, de las promesas no cumplidas, de los cacicazgos, los despojos y la pobreza, desde Chiapas hasta Baja California, desde Yucatán hasta Tamaulipas. ¿Lo entenderán los yupies del equipo cercano de Calderón, nacidos y criados en sábanas de seda?

Si el conflicto no se ha destrabado es, además de los chantajes del PRI, por la ineptitud de Fox, por la inexperiencia e insensibilidad del “gobierno del cambio”. Hasta hoy, no hay un sólo funcionario en el gobierno federal con capacidad de negociación suficiente para dar una salida política.

Vicente Fox es un factor clave que ha impedido la solución negociada del problema, que para él es LOCAL. Así dimensiona los asuntos del país y no quiere ser recordado como un presidente represor. Pero vea usted, después del recrudecimiento por la muerte de 4 personas más este fin de semana, entre ellos un camarógrafo-activista estadounidense, anunció el gobierno federal la llegada a Oaxaca de la PFP y el Ejército, por más que quiso alargar las cosas para endosarle a Felipe la papa caliente. Con lo ocurrido hasta hoy en esa entidad (otro Atenco, otro mina Pasta de Conchos, otro Siderúrgica Lázaro Cárdenas), Vicente ya se manchó las manos de sangre.

Por su parte, los senadores nomás hicieron el ridículo. Hicieron que se retrasaran las negociaciones. Según ellos, hay ingobernabilidad pero no causales para la “desaparición de poderes”. Con 12 muertos ya, entre ellos un extranjero, no hay razón para la desaparición de poderes. Hay barricadas de la APPO por toda la ciudad que se extienden a los pueblos periféricos de Oaxaca y todos los días las balean impunemente, pero no hay condiciones para la desaparición de poderes. La APPO impone justicia contra presuntos delincuentes y no hay desaparición de poderes. Ulises Ruiz no puede presentarse en actos públicos oficiales, pero no hay desaparición de poderes.

La provocación funcionó. Los muertos, obviamente, casi todos del mismo bando: El pueblo. Y ya que el Estado fue INCAPAZ de resolver el conflicto (de corto plazo, la salida de Ulises Ruiz; de largo plazo, detonar el desarrollo y la democracia en la entidad), viene el desalojo. La prudencia viene del lado de la APPO/22: El regreso a clases, el retiro de las barricadas y el llamamiento a no enfrentarse a las fuerzas federales, a pesar de lo imposible de contener a los radicales.

Las noticias hablan de que el pueblo oaxaqueño recibe de forma pacífica a la PFP, con flores, carteles, cantando el Himno Nacional y consignas contra la ocupación policiaca de la ciudad. El periódico Reforma entrevista a un elemento de la PFP, que presume: “¿Quiénes están más ‘perros’, los de Atenco o estos ‘gueyes’ de la APPO?”. Mientras muestra a los reporteros una de sus balas de punta fina que barrena al impactarse con el cuerpo provocando que la víctima desangre. “Venimos a limpiar Oaxaca”, dice orgulloso. En el DF, el plantón de oaxaqueños estalla y son reprimidos.

Probablemente Fox se vista de luces. Los empresarios, el clero y la clase política le aplaudirán un posible operativo “limpio” o con pocas bajas. Habrá una bien estructurada campaña mediática para avalar la intervención. Un repudiado Ulises Ruiz se saldrá con la suya. Pero el aprendizaje en la lucha y la capacidad de organización de la gente van a dar más, mucho más de que hablar en el futuro, al pasar el movimiento a otra etapa de lucha.

Felipe va a enfrentar, ahora, no sólo sus propias presiones, sino también a los movimientos de oposición que encabezan Marcos y AMLO, a las guerrillas del sur, al descontento social, a la organización popular y a los ojos de la ONU y la OEA puestos en las violaciones a los derechos humanos en México. La gran pregunta es cómo va a reaccionar ante lo que viene.

… Al tiempo.

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