May 26, 2006

“Nos convertimos en la única esperanza de estos niños”

Un programa de SDSU ayuda a niños en Tijuana

Por Pablo Jaime Sainz

Michel García Martir conoce de cerca la pobreza.

Antes de vivir en San Diego, la estudiante universitaria vivió en Tijuana, donde solía ver a los niños vendiendo chicles o pidiendo limosna en las calles del centro de la ciudad.

En aquel entonces ella sentía impotencia por no poder hacer nada por ayudarlos.

“Estaba en la secundaria y me llenaba de rabia ver a esos niños sufriendo de hambre. Aunque crecí viendo todo eso, no sabía como ayudarlos, más allá de darles una moneda o comprarles un chicle”, indica García Martir.

Ahora que está por terminar su licenciatura, la joven puede tenderles la mano a los niños en situación de calle gracias a un programa entre la Universidad Estatal de San Diego (SDSU, por sus siglas en inglés) y el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Tijuana.

Se trata de prácticas profesionales que estudiantes de SDSU realizan en el Centro para la Protección Social de la Niñez, un albergue temporal donde alrededor de 15 niños de la calle y que han sido abusados física y sexualmente reciben atención psicológica, comida y hospedaje.

El programa, que inició el verano pasado, es patrocinado por el Departamento de Estudios Latinoamericanos de SDSU y su propósito principal es proveer una conexión entre los universitarios y los niños para que estos últimos tengan una presencia positiva en sus vidas, indicó Jennifer Daby, coordinadora del programa entre SDSU y el DIF.

En el Centro, tres veces por semana, los ocho universitarios que actualmente participan organizan actividades para los niños varones que tienen entre 8 y 17 años de edad. Un día pueden ofrecer una divertida clase de inglés y otro día pueden hacer alguna manualidad.

Algunos de los niños ahí han sido forzados a practicar la prostitución o a vender drogas; otros tantos han dejado sus hogares huyendo de abusos sexuales y psicológicos; otros más llegaron a Tijuana luego de ser deportados por la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos.

“Es díficil escuchar las historias de los niños, pero te llegan a importar mucho”, dice García Martir.

El hilo que une a esos niños es que, fuera del Centro para la Protección Social de la Niñez, no tienen quien los apoye.

“Aunque podría parecer lo contrario, esos niños no son tan diferentes que los niños que están en casa con sus papás”, dice Daby, quien además de coordinar las prácticas también cursa una maestría en Estudios Latinoamericanos. “Platicamos de cualquier cosa, nos reímos de las bromas que hacemos juntos”.

Este programa forma parte de un esfuerzo del Departamento de Estudios Latinoamericanos para crear lazos más fuertes entre SDSU y la ciudad de Tijuana, afirmó Jim Gerber, director del Centro para Estudios Latinoamericanos en SDSU.

“Creo que tenemos una ventaja en San Diego de vivir al lado de una ciudad latinoamericana como Tijuana, pero desafortunadamente no hemos tomado ventaja de esto”, afirmó Gerber.

En octubre pasado, el alcalde de Tijuana, Jorge Hank Rhon, dió una conferencia en la universidad como parte de esos lazos.

María Elvia Amaya de Hank, presidenta del DIF Municipal en Tijuana, indicó que los niños que viven en el Centro para la Protección de la Niñez están muy contentos que estudiantes de SDSU convivan con ellos.

“A veces los niños, que estaban acostumbrados a andar en las calles, se aburren de estar aquí porque no tienen muchas actividades. Cuando vienen los estudiantes se alegran porque ellos les ofrecen algo que los mantiene entretenidos y ocupados”, afirmó Amaya.

Sin embargo, no es fácil ganarse la confianza de los niños, acepta Daby.

“A veces me ven como amiga, pero otras me ven como figura de autoridad y no me prestan atención”, dijo.


Maria Elvia Amaya de Hank

Y es que la vida de un niño de la calle no es fácil en Tijuana, aseguró Victor Clark-Alfaro, activista de derechos humanos en la región.

Él dijo que en las calles de la ciudad viven unos 8,000 niños.

“Esto convierte a Tijuana en campo fertil para los pederastas y pedofilos”, indicó. “Los niños enfrentan grandes dificultades, pues son el grupo más vulnerable porqué no se pueden defender”.

El programa de SDSU pretende hacer que estos niños puedan sonreir, que puedan tener un momento de diversión sana, afirmó Daby.

“Les gusta que estemos ahí. Aunque sólo estamos unas cuantas horas a la semana, para algunos nos convertimos en su única familia”.

Garcia Martir dijo que en las noches, cuando se acuesta a dormir, se siente orgullosa de poder ayudar a cambiar el futuro de los niños de la calle, aquellos que durante tantos años observaba de lejos durante su adolescencia en Tijuana.

“Nos convertimos en una esperanza para esos niños”, indicó.

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