May 12, 2006

Peligros en la frontera: No solo el calor del desierto amenaza a los migrantes

Por Luis Alonso Pérez

El verano se aproxima y los días en el desierto de Baja California comienzan a elevar el mercurio en el termómetro.

Al igual que aumenta la temperatura, también comienza a elevarse el número de migrantes en los albergues de Tijuana, marcando el inicio de la temporada más riesgosa del año para el cruce ilegal en la frontera.

Juan Aguirre acaba de llegar a Tijuana; hace unos días se dirigía a Escondido a casa de su suegra cuando fue detenido en un retén de la patrulla fronteriza y deportado por carecer de documentos de residencia. Ahora se encuentra hospedado en la Casa del Migrante Scalabrini, pero está decidido a regresar con su familia a Reno, Nevada lo antes posible.

Juan es uno de los muchos mexicanos indocumentados que fue separado de su familia al ser deportado y que ahora no solo tendrá que sobrevivir al calor del desierto o al frío de las montañas para reencontrarse con su familia, ya que ahora tiene que enfrentarse a riesgos como el crimen organizado, autoridades corruptas y grupos cazamigrantes armados, de acuerdo con defensores de los derechos de los migrantes.

En comparación con años anteriores el número de migrantes que recibe la Casa del Migrante ha aumentado, de acuerdo con su director, el Padre Luis Kendzierski. Sin embargo ha observado que la relación entre migrantes provenientes del sur y los deportados ha cambiado, ya que ahora se comienzan a ver más hombres que fueron repatriados en este lado de la frontera.

Según Mary Galván, trabajadora social del Centro Madre Asunta, albergue para mujeres y niños migrantes de Tijuana, ha aumentado en 35% el número de mujeres que llegan porque han sido deportadas. “Ellas llegan totalmente angustiadas porque no saben que va a pasar con ellas y desesperadas porque dejaron a sus chiquitos en sus casas y quieren regresar para allá” indicó Galván.

Juan Aguirre también se encuentra angustiado por su familia, en particular por sus gemelas de dos años. Por ahora solo le queda trabajar para poder tener algo de dinero en su bolsillo mientras averigua como puede cruzar la frontera de nueva cuenta. Al siguiente día Juan irá a un trabajo temporal en una fábrica de cartón que consiguió por medio del albergue, en el que se le pagarán 800 pesos a la se-mana.

“Eso yo lo ganaba en medio día de trabajo allá en Reno” comentó Aguirre, quien trabajaba durante la noche limpiando el sistema de alcantarillas de la ciudad y durante el día limpiando departamentos. “Yo le debo mucho a los Estados Unidos porque allá logré hacer mucho más que lo que hubiera podido hacer en México” agregó.

Antes de cruzar la frontera de nueva cuenta Aguirre se encuentra expuesto a una serie de riesgos que esta ciudad fronteriza representan para un migrante, como lo pueden ser desde extorsiones de los cuerpos policiacos por no portar identificación, hasta por empleadores temporales que frecuentemente engañan a los trabajadores migrantes pagándoles cantidades más bajas a las acordadas.

Según Mary Galván, cuando las mujeres están en la ciudad enfrentan al riesgo de que las estafen, de que las roben, de las secuestren o simplemente de que el “coyote” las engañen al momento de que las van a cruzar y de que las lleven a cualquier colonia diferente de Tijuana y les diga que ya llegaron a Estados Unidos. En cuanto al cruce, corren el riesgo de que se pierdan en la montaña o en el desierto, de que las asalten y de que sean víctimas de robo y de violación por asaltantes.

A pesar de que las mujeres y hombres conocen los riesgos de cruzar la frontera ilegalmente no es suficiente para desalentar la migración. “No creas que las ha intimidado el hecho de que está dura la frontera, de que está muy difícil y no va a poder cruzar” comentó Galván “No, las migrantes siguen llegando”.

Juan Aguirre no se siente intimidado ante los riesgos de cruzar ilegalmente, ya que hace cuatro años que cruzó por primera vez la frontera, lo hizo caminando tres días por el desierto de Mexicali, aunque sabe que siempre existe la posibilidad de ser deportado de nuevo.

De acuerdo con Esmeralda Siu, coordinadora de la Coalición Pro Defensa del Migrante (CPDM), de Febrero a diciembre del 2005 se atendieron aproximadamente a 25 mil personas deportadas en los módulos de atención de la Coalición ubicados en los dos puntos de cruce fronterizo de Tijuana.

“Ellos están conscientes del riesgo que implica cruzar” comentó la coordinadora de la CPDM, quien según su experiencia considera que los migrantes no asocian la necesidad de cruzar con la posibilidad de obtener una residencia legal o un permiso temporal de empleo como algunos analistas o medios de comunicación exponen.

“En las comunidades pobres de México no siguen los noticieros, mucho menos los internacionales” comentó el Padre Luis Kendzierski “no creo que esto vaya a promover la migración”.

Kendzierski considera que una de las posibles causas del aumento del número de cruces puede ser que después de algunos años de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) la gente ya sintió que no ha cambiado mucho la realidad del asalariado en México, porque los sueldos continúan siendo los mismos y no ha mejorado la situación de una manera significativa como para que los migrantes se queden a trabajar en sus lugares de origen.

Por ahora Juan Aguirre solo puede esperar el momento correcto para emprender de nuevo su camino hacia el norte. Su esposa y sus hijas lo esperan al otro lado de la frontera.

“¿Para qué me quedo aquí en México? Allá en Estados Unidos está toda mi vida”.

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