May 5, 2006

La frontera unida por los derechos de los migrantes: Movilizaciones en Tijuana y San Diego paralizaron la frontera el primero de mayo

Por Luis Alonso Pérez

Mientras millones de personas marchaban por las calles de las principales ciudades del país el primero de mayo, los residentes fronterizos fueron protagonistas de un hecho histórico en la región, al convertir la frontera –un indudable símbolo de separación– en un enérgico punto de unidad y resistencia a las políticas que amenazan los derechos de los indocumentados viviendo en Estados Unidos.

Desde las primeras horas del día comenzaron a notarse los resultados del anticipado movimiento pro-migrante. La línea internacional del lado tijuanense lucía prácticamente desierta, con varias de sus líneas sin operación. De este lado, las calles de San Ysidro y muchos de sus comercios estaban vacíos, algunos en apoyo a la causa y otros por la ausencia de sus trabajadores.

En Tijuana se comenzaron a ver las primeras señales de movilización alrededor de las 7 de la mañana, cuando un pequeño grupo de manifes-tantes cargando pancartas con mensajes de apoyo a los migrantes logró cerrar parcialmente los carriles derechos de la garita internacional. Con el paso de las horas el grupo fue creciendo y aproximadamente a las 10 a.m. lograron impedir completamente el cruce por la sección derecha.

Al otro lado de la frontera, cientos de familias e individuos comenzaron a reunirse en el parque Larson de San Ysidro, vistiendo camisas blancas y banderas mexicanas, ecuatorianas, salvadoreñas y por supuesto estadounidenses. La manifestación dio inicio al mediodía. Una de las primeras oradoras del evento fue la Dra. Roberta Alexander, recordando a los asistentes que la historia de los Estados Unidos ha sido transformada por la desobediencia y la solidaridad con aquellos menos afortunados y mencionó episodios como el “Boston Tea Party”, la declaración de la Independencia hasta llegar al movimiento de los derechos civiles, cuando –según Alexander– la sociedad estaba contenta siempre y cuando los afro-americanos permanecieran invisibles, mientras no vieran a los ojos a los anglo-americanos y se atrevieran a exigir sus derechos. “Ahora la estructura del poder en este país está contenta mientras los inmigrantes permanezcan invisibles, trabajando en las fábricas, en los campos, en los restaurantes y en las construcciones”. Alexander agradeció la invitación a la comunidad afro-americana y convocó a la unidad multi-étnica y multi-nacional para alcanzar la justicia.

Al terminar el público escuchó la canción “Viva el inmigrante” de Joaquín “Quino” McWhinney, quien momentos después regresaría al escenario acompañando a Ramón «Chunky» Sánchez y Los Alacranes para interpretar una canción compuesta especialmente para ese día llamada “Primero de Mayo”.

Mientras tanto, al otro lado de la frontera, un grupo de obreros y sus familias marcharon al lado de activistas, estudiantes y defensores de los derechos humanos en dirección del edificio del consulado americano de Tijuana, en solidaridad con el movimiento pro-inmigrante y en conmemoración del Día Internacional del Trabajo. Los marchantes levantaban sus pancartas y alzaban sus voces exigiendo salarios justos, condiciones laborales humanas de los obreros mexicanos y el cese inmediato a la criminalización de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

Después de una manifestación frente al edificio estadounidense el grupo se dirigió a la línea fronteriza para apoyar el bloqueo del tránsito de automóviles hacia San Diego. Al arribar, se extendieron a lo largo de los dos lados de la garita y formaron una barrera humana que logró bloquear por completo el punto de cruce internacional más transitado del mundo.

En San Ysidro la multitud de aproximadamente 3 mil personas congregada en Larson Park tomó las calles y arrancó la marcha con rumbo a la frontera. El grupo caminó frente al centro comercial “Las Americas” que a pesar de estar abierto, lucía vacío en comparación con la clientela –principalmente tijuanense– de la que regularmente goza el primero de mayo, día de descanso obligatorio para los mexicanos.

La multitud marchaba energéticamente pero de forma pacífica. David Rico de los Boinas Cafés de Aztlan estuvo ahí para echar una mano. El siente que las propuestas anti-inmigrantes constituyen “un ataque a nuestra gente, un ataque a nuestras familias y en nuestros hijos, ya que trabajar no es ningún crimen”.

Amigos y compañeros de trabajo que decidieron unirse a la huelga de ese día marcharon junto con sus familias. Una mujer mexicana llamada Berenice estaba ahí porque ella y sus compañeras de trabajo negociaron su ausencia con sus patrones. “Al principio no nos querían dejar, pero insistimos y ellos aceptaron cerrar”. José Luis Marín de Tijuana comentó que el capataz de la empresa de jardinería en la que trabaja le dijo que nadie iba a trabajar el lunes en solidaridad, pero mencionó que a su hermana la amenazaron con descansarla temporalmente si no se presentaba a trabajar.

Cuando el grupo se aproximaba al cruce fronterizo alcanzó a divisar que del lado de Tijuana los manifestantes habían logrado contener la entrada de autos a Estados Unidos, su reacción eufórica provocó que rápidamente se corriera hasta el final de la larga fila.

Jazmín Morelos, una de las organizadoras del evento comentó no tener palabras para describir lo que veía, ya que antes consideraba imposible lo que se logró en este evento y esta contenta de que su mensaje se esté difundiendo clara y fuertemente entre la gente y en los medios. Agregó que se debe seguir exigiendo una amnistía completa para los trabajadores indocumentados, no simples cambios en las políticas migratorias “porque sigue dejando a los inmigrantes como ciudadanos de segunda clase”. Además demandó un alto a la explotación estadounidense a los países en vías de desarrollo, ya que los tratados comerciales que implementa ocasionan condiciones de pobreza, obligando a la población a emigrar en busca de nuevas oportunidades.

La marcha continuó con dirección a la frontera, pero su paso se vio desviado por una línea de elementos de la policía que impidieron a los manifestarse aproximarse al punto de cruce. El grupo continuó su camino tranquilamente por el bulevar de San Ysidro.

La protesta lado del muro no gozaba la misma tranquilidad. Ante la presión de las largas filas de automovilistas detenidos sin poder cruzar la frontera, de manera que alrededor de 60 policías trataron de reestablecer el cruce. El forcejeo entre manifestantes y oficiales ocasionó la detención alrededor de 22 personas las cuales fueron liberadas horas después, debido a una supuesta agresión a un elemento de la policía con una botella de agua.

La marcha de San Ysidro llegó a su fin sin contratiempos de seguridad. El grupo se dispersó en el parque Larson y la movilización se convirtió en un evento cultural con la presentación de grupos musicales. Pero la lucha por los derechos de los migrantes continuó esa tarde con una vigilia en el parque Balboa y seguirá en pié hasta que los millones de indocumentados logren su objetivo de una vida digna y legal en Estados Unidos.

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