June 23, 2006

Comentario:

La mitología del fútbol

Por Humberto Caspa, Ph.D

Ayer, mientras visitaba a mi dentista, le pregunté a un muchacho que se encontraba conmigo en la sala de espera: ¿”Qué te gustaría ser cuando seas grande”? Con una sonrisa dibujada en los labios, los ojos vibrantes y con mucha energía me respondió: “Quiero ser un futbolista y ganar mucho dinero cómo Rafael Márquez”.

La fama, el dinero y la falta de oportunidades para sobresalir en los mercados laborales incita a muchos jóvenes de diversos estratos económicos del país y del mundo, especialmente a los pobres, a buscar un espacio en un sector laboral (fútbol soccer, basketball, baseball, etc.) reducido y virtualmente saturado.

En general, la decepción es el común denominador de la mayoría de aquellas personas que ven en el deporte como una cajita de Pandora que les va a solucionar sus problemas económicos.

El deporte es muy sano para practicarlo y es un complemento importante a la vida del trabajador, pero no es el camino idóneo para el éxito. La probabilidad de obtener un título de doctor o abogado de una de las universidades acreditadas es mucho más alta que la probabilidad de jugar en un equipo de basketball profesional o ser jugador de fútbol soccer.

En nuestro país, por ejemplo, de los estudiantes que juegan basketball en las ligas regionales de High School, aproximadamente uno de cada 38 estudiantes, o un promedio de 2.9%, tiene la oportunidad de jugar ese deporte en una de las universidades.

Ahora bien, del total de estudiantes que aspiran jugar profesionalmente en la Asociación Nacional de Basketball (NBA), se prevé que uno de cada 80 deportistas, es decir 1.3%, llegará a ser tomado en cuenta en el “draft” de la NBA. Vale la pena recordar que sólo los son fichados en la primera ronda del “draft” tienen un contrato asegurado. Los que van en la segunda ronda, el contrato es por un año y su participación en su equipo no está garantizado. Mucho menos es de aquellos jugadores que han sido fichados en la tercera ronda, o a través de un compromiso independiente. Algunos juegan unos minutos, no convencen, y son dados de baja inmediatamente.

Lo mismo sucede en el fútbol americano. De los miles de deportistas universitarios que quieren jugar en la liga profesional de este deporte, sólo uno de cada 50 consigue su propósito.

La situación es mucho más precaria en el fútbol soccer, el deporte más popular del universo. La demanda laboral en este mercado está tan saturada que no simplemente se necesita la genialidad atlética del deportista para ser contratado sino una maquinaria de trabajadores de cuellos blanco, abogados, intermediarios, entre otros; y un poco de suerte con dirigentes y administrativos propensos a la corrupción.

De la magnitud de deportistas que juegan el mundial en Alemania, la mayoría o tal vez todos tienen la mirada hacia un equipo de Europa Occidental. Esto, indudablemente, crea mayor competencia a lo largo del planeta y en las diversas ligas del mundo. Sólo las estrellas juegan en el Real Madrid, el Barcelona de España o el Milán de Italia.

Aparte de que el mercado de los deportistas está lleno, esta profesión sólo les brinda un periodo perentorio de prosperidad. Es decir, dura muy poco. La actividad profesional de un deportista está entre cinco a diez años, considerando que no se lesionan o sufran de un castigo severo de su liga o de la Federación Internacional de Fútbol.

Hasta hoy no conozco a ninguno de mis familiares o amigos que practican el fútbol y que estén jugando en Europa. Sin embargo, tengo algunos familiares y muchos amigos que son profesionales (ingenieros, negociantes, abogados, doctores, profesores, etc.), tienen una vida placentera y no se preocupan que, de un momento a otro, su estado físico les impida practicar su profesión.

En todo caso, el mensaje para ese muchacho que encontré en el consultorio del odontólogo y aquellos jóvenes soñadores que aspiran un espacio en la NBA o la NFL, lo mejor es adquirir conocimiento de actividades perdurables. Obviamente, el deporte popular es muy sano practicarlo, pero cuando una persona ve como un medio de sobrevivencia, el camino es tan precario como buscar una mina de diamantes.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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