June 23, 2006

German Dehesa rinde homenaje al poeta Jaime Sabines

Por Luis Alonso Pérez

El reconocido escritor y periodista Germán Dehesa rindió homenaje al poeta chiapaneco Jaime Sabines, la noche del lunes 19 de junio en el Auditorio del Museo de Arte de San Diego, en una conferencia más del ciclo “Los Rostros de México” organizada por el Instituto Cultural Mexicano del Consulado General de México en San Diego.

En una tarde calurosa que anticipaba el inicio del verano, un nutrido grupo de amantes de la poesía y seguidores de las columnas del periodista, se reunieron para escuchar la poesía y las anécdotas personales de Sabines que solo pueden ser contadas por el mismo Germán Dehesa, quien tuvo el privilegio de ser un amigo cercano del poeta, a quien recuerda con un gran cariño y respeto como escritor y como persona.

“Aunque nunca hubiera escrito lo consideraría un gran hombre” expresó Dehesa, recordando que Sabines nunca se llamó a sí mismo un poeta, ya que el simplemente se consideraba un peatón que “vivió y padeció México”.

De acuerdo con el conferencista, el mérito fundamental de Sabines como poeta era “descubrir lo poético en la realidad cotidiana” al lograr capturar en sus letras esos momentos cotidianos que nos llevan al paraíso, como un atardecer o la compañía de un amigo.

El periodista narró con lujo de detalle la historia personal de Sabines. Habló sobre su nacimiento en una familia acomodada de la capital de Chiapas y sus primeras experiencias en la ciudad de México, a donde se mudó inicialmente para estudiar medicina (para después darse cuenta que no era su vocación) y se asentó definitivamente al haber caído enamorado profundamente de sus calles y su ritmo, pero en particular de su vida nocturna, festiva y pecaminosa, dada su “condición enamoradiza” descrita por el conferencista.

Sabines fue recordado por el conferencista como todo un seductor, que derretía a las mujeres con el calor de sus palabras, una personalidad que conservó hasta los últimos años de su vida, cuando se vio confinado a una cama luchando con sus problemas de salud. Sin embargo recordó que cada que entraba una mujer a su habitación se iluminaba su rostro y no podía evitar los piropos o halagos que al poco tiempo las cautivaban sin importar su edad.

“Un hombre rico puede regalar esmeraldas a una mujer y casarse con ella. Pero un hombre que las enamora con las palabras será su amante por siempre” expresó el conferencista.

Pero Sabines también fue recordado como un hombre que llevó una vida ejemplar, una persona sencilla y austera que a pesar de su éxito nunca pudo vivir de la poesía. “La poesía le dio el indeleble amor de su gente. Le ha ganado un lugar en el corazón de los mexicanos” indicó Dehesa, quien recordó que su amigo y escritor Carlos Monsiváis solía preguntarse cuantos miles de hombres habrán enamorado a sus novias con poemas de Sabines firmados como suyos.

Durante la conferencia Dehesa recordó momentos buenos y episodios tristes, así como experiencias personales de su amigo y colega, como conquistas, fracasos laborales, accidentes automovilísticos y la muerte de seres queridos.

Su lenguaje pintoresco y entretenido asemejaba la conferencia con la plática entre un abuelo sus amigos o la clase de un eminente profesor de literatura, divagando libremente en las muchas anécdotas que acumuló durante su larga y cercana relación con el poeta y sus contemporáneos como Pablo Neruda, Alejo Carpentier, Octavio Paz.

Dehesa no pudo evitar las críticas y alusiones a las elecciones y la política mexicana. Tampoco pudo evitar uno que otro comentario sobre el mundial de futbol y la selección mexicana, reconociendo desde el principio que tal vez no era el mejor momento para hablar de poesía.

Al finalizar la plática Dehesa leyó una selección de poemas de Sabines de su libro “La poesía amorosa” que incluía Sitio de amor; Tu tienes lo que busco; Yo no lo se de cierto y Me tienes en tus manos, entre otros, intercalando comentarios y explicaciones entre cada uno.

Dehesa admiró la sencillez del lenguaje poético de Sabines, expresando que “sus poemas nos trasladan con las mismas palabras que usamos todos los días”.

La gente escuchaba los poemas atentamente, unos mirando al cielo y otros a su pareja. Algunos sonreían otros y hasta lloraban, pero después de cada poema se escuchaba un suspiro colectivo, que seguramente dejaba escapar un recuerdo escondido en el pecho de los enamorados.

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