June 16, 2006

En la violencia doméstica nadie gana y nadie es rey

Parte III
Capítulo Primero

Por: Doctora Luz

Me provoca demasiada tristeza y enojo ver cómo las familias se destruyen por la violencia en la casa. Como psicóloga les pudiera platicar un sin fin de historias con una serie de consecuencias devastadoras. Lo que yo pretendo —a través de este medio— es el poder transmitir mi mensaje y llegar a influir en sus vidas para que mediten acerca de las consecuencias que conlleva la violencia familiar y todo lo que pueden ganar si trabajan en unión con su pareja; ya que, al fin de cuentas, fueron ustedes quienes escogieron a la persona con la cual pasarán el resto o parte de sus vidas. Y si consideran que no fue la elección idónea, entonces esto se convertirá en el reflejo de ustedes mismos.

Para empezar, quiero dirigirme a los hombres que golpean. Si tú crees que al golpear eres más poderoso y eres el rey, te diré qué tan equivocado estás. Primeramente, no ganas nada con demostrar que puedes golpear a tu pareja y que ella no puede vencerte (físicamente), ya que biológicamente esto es un hecho. Si tu conducta es ésta ¡no demostrarás nada! Lo que un verdadero hombre hace (entendiendo como “verdadero” a un hombre íntegro en sus convicciones) es sacar adelante a su familia en correlación con su pareja; esto es: juntos y en el mismo nivel.

Cuando golpeas a tu pareja para demostrar que eres más y logras intimidarla y hacerla sentir que es menos, las consecuencias que resultan con esta actitud es que tu pareja sentirá que no es capaz y no te dará el apoyo necesario para salir adelante. Como puedes ver es un rotundo fracaso para la familia. Cuando golpeas estás creando una imagen falsa de fuerza ante tí mismo como a los demás.

Ahora bien, continuaré con las mujeres que aceptan los golpes. Si tú crees que al estar en una relación abusiva él se convierte en el malo y tú en la buena (victimario-víctima), quiero informarte que no es así. Tu tolerancia, tu humildad, “la cruz que cargas”, está fuera de moda; es una comodidad que sólo trae consecuencias. Necesitas romper con esa cadena de abuso. Tú crees que Dios está viéndote y te dice: “Ay, hija, cómo sufres. Quédate ahí para que te siga golpeando y tal vez en una de estas te mate. Además, tus hijos están aprendiendo que es aceptable golpear o ser golpeada. Estoy tan orgulloso de ti por ser tan tolerante, tan humilde por mantenerte en esta relación infeliz por el resto de tu vida”.

Este tipo de pensamientos son los que enganchan a los dos y los encierra en un círculo vicioso: él se quiere sentir poderoso y ella aprende a sentirse tolerante y que se está ganando el cielo. Bueno, no es tan fácil. Por lo general, desde pequeños, tanto el hombre como la mujer, vivieron en un ambiente de golpes, donde eran éstos la única solución a los problemas: “Pórtate bien, si no te voy a golpear”, “me duele golpearte; pero es por tu bien”.

¿Cómo empieza este gancho de control y tolerancia? Juan y Rosa (para poner un ejemplo) se conocen en la Preparatoria. Rosa se siente desolada y con necesidad de ser amada, ya que en su casa sólo existen golpes y gritos. Juan se siente devastado, puesto que en su casa sólo existen golpes y gritos. Juan y Rosa buscan cariño y alguien que los comprenda y en esta edad, cuando las hormonas están activas y no conocen lo que es un cariño sano, las palabras bonitas de Juan conquistan a Rosa en muy poco tiempo. Juan empieza a presionar a Rosa para tener relaciones sexuales. Este afán constante e impertinente se deriva al hecho de que la expectativa que tienen los varones acerca de su hombría está condicionada por obtener el reconocimiento ante la sociedad varonil y éste lo logran a través de las pláticas de sus experiencias sexuales. Por este motivo, las hormonas y necesidad de sentir afecto, Juan le pone más presión a Rosa. Por otro lado, ella tiene miedo por dos cosas: la primera, es el tener relaciones sexuales porque sabe que las consecuencias con su familia van a ser devastadoras (si se enteran) y la sociedad la etiquetará de una manera negativa; la segunda, tiene miedo de decirle “no” a Juan porque la va a rechazar, dejará de ser su amigo/novio y la carencia de amor es tan grande que Rosa termina aceptando. Juan y Rosa no tienen las herramientas para tener una buena relación, puesto que nunca lo aprendieron en casa. Juan observa que Rosa es bonita y que la voltearon a ver. Juan se imagina que todo lo que él le ve de bonito a Rosa los otros muchachos lo están viendo. Juan se siente temeroso de que otro muchacho la conquiste y le empieza a pedir que no use esa blusa ni esa falda. Rosa cree que esos celos significan amor. Al principio se le hace romántico y más cuando le dice Juan que todos los hombres la voltean a ver (Cenicienta como en un cuento de hadas); pero Juan le señala que su vestir le hace aparentar que parece como “una cualquiera”, ella le explica que no es así; pero como no quiere perder su único cariño se preocupa demasiado por convencerlo y termina cediendo. Al poco tiempo, Rosa queda embarazada. Juan siente la presión de no estar preparado para tomar la responsabilidad de padre y empieza a culparla a ella de sus provocaciones y males, pues Juan no puede, no sabe, no le fue permitido dentro su núcleo familiar el resolver problemas y no fue amado; pero encontró que sí puede controlar y dominar a Rosa. Mientras tanto, ella sabe que sus papás la van a correr de la casa, no sabe a dónde ir, está desolada. La única persona que ella cree que la quiere es Juan.

Él la golpea por primera vez. La culpa y ella se siente responsable; le da vergüenza y no le dice a nadie. Falsamente, Rosa cree que lo va a cambiar. El vivir en un ciclo de violencia doméstica empezó, tanto para Juan y Rosa, como para el bebé que ésta lleva en su vientre. Las estadísticas demuestran que una mujer embarazada corre más riesgo de ser golpeada.

Juan siente por primera vez ese tipo de control, de persuasión, de poder y descubre que tiene con quien desquitar toda esa ira que carga en su “yo” interior y esa frustración por no saber cómo progresar en la vida, y por un momento siente esa imagen falsa de ser fuerte. Rosa se mantiene en ese tipo de ambiente que vivió en casa o que aprendió a vivir con Juan.

Esto se complica todavía más por la serie de abusos psicológicos que se desenvuelven. La psicología ha identificado ocho aspectos comunes usados por personas que usan la violencia y el control: 1) intimidando, 2) utilizando abuso emocional, 3) aislando, 4) minimizando, negando y culpando, 5) usando a los hijos, 6) usando el privilegio de ser hombre, 7) usando abuso económico y, finalmente, 8) usando opresión y amenazas. Estos juegos de control y poder como los usa Juan causan severos efectos en la percepción de la persona afligida (Rosa), la realidad con un sentir de impotencia y sobre dependencia en la persona —que es el agresor—. He aquí unos ejemplos: “O haces lo que digo o encuentro a alguien más”, “eres una gorda, estúpida, nadie se fijará en ti”, “le voy a hablar a mis amigos, al doctor y al abogado para que demuestren que estás loca”, “tú no vas a trabajar, y con el dinero que te doy es más que suficiente. Derrochadora, materialista, como tú no trabajas”, “ya vas a empezar a llorar”, “qué sucia tienes la casa; en cambio, la comadre ésa si la tiene limpia y cocina riquísimo. Deberías de aprender algo”, “no puedes ir con tu mamá, sólo se la pasa chismeando”, “es tu culpa que sea violento, tú me provocas, ¿o acaso ves que le ande pegando a alguien más”?, “no mejoro en mi trabajo por tu culpa, eres tan negativa”, “ni siquiera en la cama me sirves”, “sólo me sirves para ponerte panzona, como si yo tuviera todo el dinero del mundo”, etc… Dichas ex-presiones son un ejemplo del tipo de lenguaje que se utiliza en las relaciones para mini-mizar o humillar a la pareja y este tipo de discursos se convierten en el parte aguas de lo que será un ciclo de violencia doméstica emo-cional; el gancho psicológico, simplemente tú, Rosa, te lo crees y tú, Juan, también.

Estos juegos emocionales de palabras y golpes crean una dinámica en la que se confunden las verdaderas frustraciones de sus vidas y caen los dos en ese ciclo vicioso donde los dos no saben cómo salir.

En el siguiente artículo, trataremos a detalle las consecuencias que resultan de este tipo de abusos psicológicos.

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