June 16, 2006

Comentario:

Estrategia contra el terrorismo

Por Humberto Caspa, Ph.D

La muerte de Abu Muzab al-Zarqawi y su consejero espiritual, el jeque Abdel Rashid Rahman, es un indicativo elocuente de que la guerra contra el terrorismo organizado debe ser tratada en forma coordinada. La colaboración de efectivos de inteligencia estadounidense con agentes de otras naciones es imprescindible para romper el hermetismo de Al Qaeda. El terrorismo es un problema global y como tal debe ser interpretado por el gobierno norteamericano. La unilateralidad debe terminarse.

Desde el inicio de la guerra en Irak, los asesores militares de la administración Bush han dado preferencia a una tarea de inteligencia emprendida desde su país, reduciendo la oportunidad de cooperación y el intercambio de información con otras agencias de inteligencia de otros países. En general, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) ha sido la encargada a sobrellevar las tareas de espionaje aquí y en otras regiones en conflicto.

La anterior estrategia ha traído más con-tratiempos que resultados positivos en Irak desde el inicio mismo de la guerra. Recordemos que la razón principal de la invasión militar estadounidense a territorio iraquí se debe a una información facciosa proporcionada por la CIA al gobierno de George W. Bush. Nos hicieron creer que el régimen de Sadam Husein estaba en proceso de ensamblar armamentos nucleares y que ocultaba en sus bodegas un arsenal de armas biológicas. La historia comprobó que nada de lo anterior era cierto.

Como resultado de tanta falsedad, las críticas llovieron contra el Presidente Bush y sus asesores militares. Los jefes de la CIA, especialmente, estuvieron en la silla de los acusados en numerosas ocasiones. Recientemente Porter J. Goss tuvo que renunciar debido a una fuerte presión interna, incluyendo la del mismo Bush. Hoy, el militar retirado Michael V. Hayden está al mando de esta organización y seguramente tratará de restablecer la credibilidad perdida, aunque de poco sirve si persiste con los mismos métodos unilaterales de sus antecesores.

El ahora difunto Abu Muzab al-Zarqawi, fue el más beneficiado de la estrategia unilateral de la CIA. Desde que se dio inicio a la guerra de guerrillas en Irak, las fuerzas estadounidenses nunca pudieron apresarlo.

De acuerdo a fuentes periodísticas y de algunos oficiales de las fuerzas norteamericanas, al-Zarqawi estuvo muy cerca de ser detenido. Ed O´Connell, un ex militar jubilado de la Fuerza Aérea, aseveró que el mes pasado, mientras un contingente militar hacia revisión de unas movilidades sospechosas cerca de Bagdad, al-Zarqawi aprovechó unos instantes de desconcierto de los efectivos militares para saltar de su camioneta y perderse en el horizonte. En febrero del año pasado, tropas estadounidenses capturaron a su chofer y a otro militante terrorista cerca del río Eufrates, pero al-Zarqawi evadió su captura fácilmente. Asimismo, el Ministro del Interior de Irak, el general Hussein Kamal dijo una vez, que las fuerzas iraquís “habían apresado al líder terrorista en el 2004, pero lo dejaron libre porque sus efectivos no contaban con su identidad”.

Sin embargo, la suerte del terrorista terminó por obra misma de sus acciones. En noviembre del año pasado, al-Zarqawi decidió atacar a Jordania, su país natal, bombardeando a tres hoteles. Dejó 60 personas muertas y un centenar de heridos.

Este episodio fue un error estratégico de su parte. Los jordanos fueron críticos severos del bombardeo y exigieron a su gobierno medidas más radicales contra los terroristas. Las aseveraciones recientes de Mohamed Dalí, director de la Oficina de Inteligencia de Jordania, hacen suponer de que existió órden del Rey para que su agencia de inteligencia trabaje con la CIA para capturar o asesinar a al-Zarqawi.

El pasado miércoles se vio claramente que el esfuerzo coordinado de las dos fuerzas arrojaron resultados positivos; terminaron con la vida del enemigo principal de la coalición estadounidense en Irak.

En consecuencia, la colaboración entre naciones es un requisito indispensable para someter al terrorismo global de Al Qaeda. El gobierno norteamericano puede tener los artefactos militares más sofisticados del planeta, pero contra terroristas que utilizan a la sociedad y a la gente como una cortina de defensa, nada de eso sirve. Sin la cooperación de la gente afectada y la participación de su gobierno, la tarea de la CIA se hace mucho más difícil. El epílogo de al Zarqawi lo comprueba.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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