June 16, 2006

La difícil situación de los menores migrantes

Por Luis Alonso Pérez

Diego Hernández tiene 16 años y la semana pasada dejó su pueblo de Salvatierra, Guanajuato con su primo José –también de 16– con rumbo a Tijuana, buscando cruzar la frontera y dirigirse hacia Los Ángeles, donde los espera su hermana mayor.

Los dos jóvenes caminaron por dos noches a través de la zona montañosa y lograron internarse en los Estados Unidos, pero fueron sorprendidos por la Patrulla Fronteriza y deportados de regreso a Tijuana.

Diego y José son tan solo dos de los 22 mil menores que anualmente intentan cruzar ilegalmente hacia Estados Unidos sin la compañía de sus padres y son repatriados a las peligrosas ciudades fronterizas de México, un fenómeno que ha llamado la atención de la comunidad fronteriza por los riesgos que enfrentan y su inexperiencia para resolverlos.

Con el fin de analizar esta alarmante problemática y realizar propuestas de mecanismos de protección para este sector de la población, fue llevado a cabo el pasado viernes 9 de junio un seminario sobre la niñez migrante no acompañada en las instalaciones del Colegio de la Frontera Norte (COLEF), el cual reunió a investigadores sociales, autoridades migratorias y defensores de los derechos humanos.

De acuerdo con los expertos en migración, el factor de mayor riesgo para los menores es el proceso de deportación, por lo que los gobiernos de México y Estados Unidos desarrollaron acuerdos binacionales que establecen las condiciones para una repatriación digna ordenada y segura. Sin embargo actualmente solo en dos ciudades de la frontera se respetan los acuerdos por parte de agentes de la Patrulla Fronteriza, y en algunas ciudades los menores llegan a ser repatriados durante la madrugada.

Para su suerte Diego y José fueron deportados a la ciudad de Tijuana de una forma segura y respetuosa, sin embargo no siempre sucede de la misma forma, ya que aproximadamente en el 80 por ciento de los casos de deportación en esta ciudad se respetan los acuerdos, “pero en otras ciudades como Mexicali todavía vienen haciéndose repatriaciones a altas horas de la noche, porque aparentemente ni las autoridades norteamericanas ni mexicanas cuentan con una estancia en la cual se les pueda dar la atención a los menores”, afirmó Uriel Gonzáles, coordinador de programas de la Casa YMCA, un albergue para menores migrantes ubicado en Tijuana, donde actualmente se encuentran alojados Diego y José.

Una de las principales preocupaciones de los participantes al seminario son las posibles deportaciones masivas que pudieran darse como con-secuencia del incremento de la vigilancia en la frontera o del posible endurecimiento a las leyes migratorias estadounidenses.

Susana Ortiz-Ang, subdirectora de la oficina de servicios a menores migrantes no acompañados, del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, expresó su incertidumbre hacia lo que pueda suceder con el número de menores que puedan recibir y recordó que en ocasiones anteriores que el Departamento de Seguridad Interna ha colocado más elementos en la frontera, el número de aprehensiones se ha elevado. “Eventualmente todo dependerá de lo que suceda en términos de protección de la frontera” agregó.

José Moreno Mena, presidente de la organización civil Coalición Pro Defensa del Migrante, indicó que en diferentes ciudades del norte se está viendo que no existe la infraestructura para atender a grupos numerosos de menores migrantes que puedan ser deportados o impedidos de cruzar, lo cual incrementa los riesgos de abusos por parte de las bandas de delincuentes o inclusive los grupos policiacos mexicanos.

“Yo creo que el gobierno mexicano no está previendo esta situación y siempre reacciona ya que tienen el problema encima. Mas bien son los grupos humanitarios los que han estado anunciando las necesidades que se van a manifestar y algunos de ellos ya se están organizando para atender esta necesidad”.

A pesar de que esta situación puede parecer un problema local, la migración de menores no acompañados está en la agenda de muchos países alrededor del mundo, tal es el caso de los niños del Norte de África que emigran a España o los niños de Albania que emigran hacia Italia, afirmó Theresa Kilbane, Oficial de Protección a la Infancia del Fondo de las Naciones Unidas Para la Infancia (UNICEF) México.

“Es la falta de oportunidades económicas y de seguridad social de sus países de origen lo que obliga a las personas a buscar oportunidades en otras partes del mundo” afirmó Kilbane. “Las Naciones Unidas, en particular la UNICEF, están comenzando a reconocer la necesidad de crear políticas que se relacionen directamente con la protección de los niños en sus lugares de origen” agregó.

Por ahora Diego y José esperan con incertidumbre su destino en el albergue para menores. Después de su esfuerzo por cruzar las montañas y su deportación, no cuentan con las fuerzas ni el ánimo para intentarlo de nuevo, sin embargo no quieren regresar derrotados a sus hogares. La esperanza de poder trabajar para ayudar a sus familias es lo que los mantiene.

“La esperanza de venir para acá es para poder hacer algo allá” expresó Diego.

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