June 16, 2006

Por amor a Sarita: La huelga de hambre de una madre obligó a autoridades a buscar a los asesinos de su hija

Por Luis Alonso Pérez

Durante ocho días la señora Sara Elena Ruiz Meza rehusó ingerir alimentos y acampó afuera del edificio del gobierno del Estado para exigir a las autoridades que continuaran con la investigación del asesinato de su hija de Sara Benazir Chavolla Ruiz, una joven de 15 años que fue secuestrada y asesinada por sus captores, al ser expulsada de un auto en movimiento con sus manos atadas a la espalda.

Este caso fue altamente controversial, no sólo por la crueldad con la que fue cometido el asesinato, sino porque al poco tiempo la investigación fue detenida repentinamente, al apuntar como sospechoso principal a Fernando Emmanuel Valencia Pérez, sobrino de un alto funcionario del gobierno municipal.

Seis meses después del crimen, durante una misa en honor a su hija, Sara Elena Ruiz recibió la noticia de que finalmente se había girado la orden de aprehensión contra Valencia Pérez, a pesar de que al inicio de la investigación había sido detenido y puesto de nuevo en libertad por falta de pruebas.

La huelga de hambre de Sara Ruiz comenzó el miércoles 31 de mayo, como consecuencia de su desesperación al no ver avances en la investigación judicial del asesinato de su hija. La madre se plantó con una tienda de campaña y una bolsa de fotografías de la joven. A sus espaldas colocó una manta con la frase “Señor gobernador Eugenio Elorduy Walther exigimos castigo a los asesinos de Sarita Benazir, no sea usted también cómplice del crimen, ¡castigo a los culpables, basta de impunidad!..”


La señora Sara Elena Ruiz Meza saliendo de la iglesia.

Pero la señora no estaba sola, la acompañaban las cenizas de su hija y al poco tiempo fue acompañada por cientos de ciudadanos que la visitaban para mostrar su apoyo y su repudio a la falta de voluntad de las autoridades para esclarecer el caso.

A los pocos días el campamento lucía con cientos de mensajes de apoyo de familiares, amigos, ciudadanos consternados y particularmente madres de familia y preparatorianas que se identificaban con el dolor de la señora Sara, al estar expuestas ellas también –como madres y como mujeres– a este tipo de crímenes.

El apoyo ayudó a Ruiz Meza a sobrellevar las consecuen-cias físicas de su ayuno, que habían deteriorado su organismo al punto de que le tuvo que ser suministrado suero intravenoso y se vio obligada a moverse en silla de ruedas.

El miércoles 7 de junio al mediodía, se convocó a una protesta ante la ausencia de resultados de las autoridades. Al evento acudieron individuos de diversos grupos sociales y estratos económicos. La señora Martha Rocha, una madre de familia tijuanense, lamentó que la madre de Sara Benazir haya tenido que tomar esa medida para presionar el esclarecimiento del crimen y declaró que si algún miembro de la autoridad no puede hacer bien su trabajo, entonces debería dejar que alguien más se encargue de llevarlo a cabo.

También se dio lectura a una carta de apoyo a la señora Sara escrita por una alumna de preparatoria, que además demandaba justicia por Sarita y un fin a la impunidad a los delitos contra las mujeres. “La agresión contra Sara, fue una agresión contra todas las mujeres de Tijuana” expresaba la carta.

Carmen Valadéz –defensora de los derechos de las mujeres– criticó la visita que el Gobernador Eugenio Elorduy hizo el 2 de junio, considerando que fue cínico presentarse “como un padre de familia que iba a darle las condolencias a la señora Sara y decir que estaba de corazón con corazón con la familia”. La activista comparó el caso con los feminicidios de Ciudad Juárez y exigió un alto a la corrupción y la impunidad, arremetiendo “contra la violencia de Estado y de los cuerpos policiacos que también se atreven a secuestrar o encubrir violadores y asesinos”.

La movilización fue seguida por una misa en honor a Sara Benazir en una iglesia cercana al centro de gobierno. Debido a su débil estado la señora Sara Ruiz fue trasladada a misa en silla de ruedas. Durante la ceremonia recibió una llamada de parte de su esposo, quien después de una reunión de varias horas con autoridades judiciales, le informó que la Procuraduría General de Justicia había consignado con pedimento de orden de aprehensión a Fernando Emmanuel Valencia Pérez.

Al terminar la misa, la señora Sara Ruiz salió de la iglesia acompañada de las cenizas de su hija sintiéndose victoriosa de haber conseguido lo que buscaba, sin embargo expresó que no puede sentirse alegre, ya que a Sarita de ninguna manera le pueden regresar la vida.

De regreso al centro de gobierno, la señora Sara Ruiz, su esposo y su abogado hi-cieron pública la noticia de que el Procurador de Justicia había encontrado los elementos suficientes para consignar a un juzgado la averiguación y se había girado una orden de aprehensión en contra de Fernando Emmanuel Valencia Pérez, el cual, de ser sentenciado, podría enfrentar una sentencia máxima de 50 años de cárcel bajo los cargos de homicidio calificado.

“No podemos estar felices”, comentó Manuel Chavolla Flores, padre de Sara Benazir. “Nuestra hija sirvió quizás como un ángel para unirnos a todos nosotros, pero nosotros perdimos a una hija” declaró a los medios y los ciudadanos presentes.

Después de anunciar la noticia, la señora Sara agradeció a la comunidad por su apoyo y urgió a los presentes a que no tengan miedo a salir a las calles a pedir justicia aunque sean amenazados o intimidados como les llegó a suceder a ella y su esposo. Agregó que no es justo que las autoridades, siendo las que representan al pueblo, se vuelvan en hostigadoras de las mismas personas a quienes deben servir.

Recordó también las historias que le compartieron otras personas que están atravesando una situación similar y expresó que escucharlas le hizo sentir que la impunidad y la falta de voluntad de las autoridades es lo que hace que no se esclarezcan los casos, aún teniendo pruebas. “Yo lo experimenté en carne propia, lo viví junto con otras personas que ahora están aquí”. La señora Ruiz consideró que si hay feminicidios en Baja California “yo lo digo porque yo lo experimenté y personas allegadas a mí también, no son casos aislados, son casos consecuentes”.

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