July 28, 2006

Hocus Pocus

Veterano cineasta recurre a sus conocidos trucos bajo la cámara en Miami Vice

Por Jose Daniel Bort

El mundo de la mafia de la coca latinoamericana tiene en Michael Mann una mano segura para su depiccion. El hombre que prácticamente puso junta la serie que significo los años ochenta en televisión vuelve veinte anos mas tarde, con mucha mas experiencia y dinero para contar la misma historia.

Mann junto la bicoca de ciento veinticinco millones de dólares para esta extravagancia sobre la vida de Sonny y Rico, los famosos protagonistas de la serie. Esta vez son Jamie Foxx y Colin Farrell los encargados de encarnar a estos personajes, y tal como sucedía en su antecesora el personaje afro americano goza del gravitas de ser el mejor actor, mientras que el blanco disfruta de las bondades de la soltería.

Esta vez Sonny le toca romantizar a una china-latina (lo cual considero genial, debido a lo preponderante que sigue siendo la influencia asiática en la isla después de la gran migración de principios de siglo pasado). El problema de este personaje es su actriz, la conocida actriz china Gong-Li, quien casi no se le entiende en ingles y por su supuesto olvídate del español, eso se lo llevo quien lo trajo. La actriz es el principal error de la película.

Que no deja de ser interesante, a pesar de su eminente estructura de películas clase B y la fastidiosa pretensión de que un blanco y un negro van a salvar a la ciudad del vicio que latinos de todas partes les trae. Sonny y Rico se escabullen como incógnitos en una sección importante de la mafia de la coca para desenmascarar a quien destruyo a su amigo Tony (Tony Curran) y a su familia.

Mann es un consumado cineasta, y una vez mas se trae a su equipo de directores de fotografía y a su editor (quien se gano el Oscar por la ultima de Mann, Collateral) para recrear la misma textura que el autor logro en su película anterior. Esta rusticidad (con una imagen llena de granos y desdibujada) sirve como metáfora de la búsqueda de la “total masculinidad” (versión americana del machismo puro cubano) que exudan nuestros protagonistas, acostumbrados a vivir al filo de la navaja.

Y más de una vez Michael Mann lo logra, en especial en las escenas que se mantienen a punta de suspenso. Foxx es puro “business” mientras que Farrell intenta seducir a todo el mundo (hombre, mujer o ganso, no importa) en base a cualquier circunstancia, de la misma forma que Pacino ha estado trabajando últimamente. No olvidemos que ambos trabajaron juntos en “The Recruit” y Pacino simplemente será para siempre la imagen de la corrupción moderna en Miami a través de su personaje en Scarface. Farrell canalizando a Pacino aquí funciona sin impresionar a nadie.

Aquí el verdadero maestro es el director, quien deja que sus actores disfruten de los retuerzos de la trama, movida por los paralelos entre las vidas afectivas de los dos personajes principales y la relación con las mujeres de su vida. Esta “sensibilidad” es lo que le da el corazón a la película pero también la diluye en una historia simplistica y didáctica, condición mortal para películas de verano. Con tantos recursos, no se le puede pedir mas a Mann, un verdadero mago del cine, ya que probablemente tendrá toda la baraja escondida debajo de la manga. Miami Vice es disfrutable y sólida sin ser el mejor trabajo del autor, y será olvidada rápidamente como usualmente sucede con los estrenos alrededor del mes de agosto.

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