July 28, 2006

Hijos y emigración

¡No a la deportación! ¡No a la violencia doméstica!

Por: Doctora Luz

“Permitir una injusticia significa
abrir el camino a todas las que siguen.”
Willy Brandt

Como psicóloga, las leyes de emigración me han puesto en un predicamento difícil. La violencia doméstica –asunto que ha sido tratado con anterioridad en los últimos artículos- tiene consecuencias devastadoras que pueden ocasionar hijos drogadictos, alcohólicos, traumas emocionales, la cárcel para al agresor y hasta la muerte a la persona que es agredida.

La violencia doméstica es un delito y una razón para deportar; no únicamente a los indocumentados sino también a los residentes legales.

La ley de emigración del 96, llamada “Illegal Immigration Reform and Immigrant Responisibility Act” (IIRAIRA), reclasifica retroactivamente a residentes legales rehabilitados con antecedentes criminales, haciéndolos candidatos para la deportación. La ley IIRAIRA proveyó una justificación para las redadas masivas, detenciones y deportaciones -incluyendo la violencia doméstica-. Muchos residentes legales se han ido con el engaño de que a ellos no les afectará dicha determinación (el ser deportados por violencia doméstica) porque participaron en una guerra previa defendiendo a los Estados Unidos o porque sus hijos y/o esposa son nacidos en dicho país. La ley se aplica retroactiva; pero como es tan difícil concebir el hecho de que pudiera salir a la luz un crimen cometido hace 20 años o más y todavía más complejo es el creer que dicha tropelía es una ofensa menor bajo las Leyes Estatales y la Ley Federal del 96, lo que convierte a crímenes menores en felonías, dicha persona va a ser deportada. Esta ley del 96 es dirigida para los residentes legales e indocumentados, con el propósito de eliminar a la mayoría de los mexicanos que residen en los Estados Unidos; por esta razón, no nos debería sorprender tal continuidad de propuestas de leyes tan injustas dirigidas a nuestra comunidad latina.

He aquí mi predicamento: si uno de mis pacientes me platica que existe violencia en la casa y que los hijos ven este abuso, por ley tengo que reportar el caso a Protección de Niños y si no lo hago se me prohíbe el derecho de practicar terapia y la consecuencia al reportar es deportar al agresor. Ahora bien, si no reporto el caso y si el agresor es violento, puede ser que la esposa corre el riesgo de ser golpeada hasta la muerte. Esta ley pone a las mujeres en una situación difícil donde su vida peligra, ya que algunos hombres tienen a sus parejas acorraladas con esta ley y las mujeres deciden no dilatar el abuso por temor de que ellas mismas sean deportadas y/o que el proveedor de la casa y padre de los hijos sea deportado. (Quiero hacer hincapié en que hay una ley de emigración que protege a las mujeres que son amenazadas y golpeadas. Si se encuentra en esta circunstancia, favor de hablar con un abogado de emigración para más información).

En algunos casos, la Organización de Protección de Niños apartan a los hijos de sus padres o bien, le solicitan al padre que abandone el hogar o, de acuerdo a las circunstancias, es encarcelado. La madre es considerada, en cierto sentido, responsable por permitir que los hijos vean los golpes, causándoles daños emocionales.

En algunos casos, se requiere que la madre recurra a terapia. El propósito de esta ley estatal (no de la Ley Federal del 96 de Emigración) surge con la idea de romper la cadena de abuso al requerirle a los implicados que participen en cursos de violencia doméstica. Las investigaciones demuestran que cuando el agresor participa en un programa de 36 semanas y tiene trabajo fijo, las posibilidades de reincidencia es bajo. También la mujer es requerida a que participe en programas de co-dependencia en familias de violencia domestica.

Los hijos, en muchos casos, también reciben ayuda y esto beneficia a una familia completa a sanar y a vivir una vida mejor. Pero si es residente legal o indocumentado, el esposo agresor, por lo general, será encarcelado y tarde o temprano la emigración lo buscará en casa o trabajo y lo pondrá en proceso de deportación. Esto significa que si esta familia tiene la posibilidad de rehabilitarse, probablemente vivirá peores consecuencias. Si el hombre es el único proveedor la familia pierde sus bienes y por ende, los hijos pierden la oportunidad de vivir una vida mejor.

Las investigaciones también indican (Long, 2003 y Lipman, 2002) que las circunstancias de vivir con bajos recursos económicos y vivir sólo con la madre, las posibilidades son más riesgosas, ya que lo anterior conllevaría a tener más problemas psiquiátricos, como la depresión, drogadicción, alcoholismo, problemas de conducta, malas calificaciones y hasta suicidio. Por otro lado, vivir en una familia en la que existe violencia doméstica, las consecuencias son muy parecidas. Harris (2001) y Nagata (1993) explican que cuando empaquetas experiencias traumáticas con injusticia (la Ley Federal del 96) se provocan síntomas psicológicos. Dentro de todo, el mejor panorama es cuando toda la familia recibe ayuda o cambia la conducta abusiva.

Como ven, esta ley es muy injusta puesto que sólo se dirige a los residentes legales e indocumentados y la posibilidad que puede tener esta familia para rehabilitarse se pierde.

Considero que es tiempo de que nosotros reconozcamos, como comunidad latina, que no vamos a aceptar los golpes dentro de nuestra familia ni a nuestras esposas, esposos e hijos.

Por otro lado, es inaceptable que se utilice la Ley Federal del 96 como un “pretexto” más para erradicar a los emigrados que viven en los Estados Unidos, en este sentido: ¡No a la deportación! ¡No a la violencia doméstica! Con la sentencia anterior, claro está que no defendemos a las personas que golpean y maltratan a sus parejas y/o hijos; esto es un delito, pero hago hincapié en el hecho de que se violan los derechos de los emigrados al juzgarlos con mas impunidad y no nomás al emigrado pero a toda la familia que conlleva a la deportación y separación.

Si existen dudas o comentarios respecto a los artículos aquí publicados, pueden comunicarse al teléfono que posteriormente se indica o bien, escribir a la siguiente dirección: P.O. Box 69 Bonita, CA 91908. De acuerdo a la demanda que tenga algún tema en particular, está abierta la posibilidad de un seminario y/o conferencia impartido por su servidora. Para más información, comunicarse a los teléfonos y/0 dirección que aquí se mencionan.

Se pueden comunicar con la Doctora Luz María Villanueva González PhD, doctoraluz@latinoseminars.com (619) 434-7779.


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