July 21, 2006

Comentario:

Desequilibrio en el Medio Oriente

Por Humberto Caspa, Ph.D

Los problemas en el medio Medio Oriente se intensifican día a día. Más allá de transformarse en un conflicto global, como algunos analistas de la política ya empezaron a conjeturar, el enfrentamiento entre musulmanes chiitas de Beirut e israelitas todavía mantiene su carácter regional. No tiene visos de globalizarse mientras Estados Unidos y alguna de las potencias mundiales antagónicas decidan entrometerse en uno y otro país. De momento, no creo que eso suceda.

Sin embargo, el conflicto puede llegar a extenderse en la región. Si tomamos en cuenta a detalle los últimos acontecimientos, incluyendo la invasión norteamericana en Irak, el equilibrio de los poderes en el Medio Oriente ha sido fracturado.

Creyentes de la visión Realista en las Relaciones Internacionales, simbolizado actualmente por el ex Secretario de Estado Henry Kissinger, sustentan que la paz en una región o en el mundo se consigue en base al control de los balances que ejerce cada país en una región en conflicto. Los tratados de paz y la mayoría de los procesos instituidos por las Naciones Unidas que tratan de resolver el conflicto judeo-islamita en el Medio Oriente, por ejemplo, son propuestas intangibles y, hasta cierto punto, medidas idealistas en un mundo polarizado por las armas y la fuerza militar. En otras palabras, si de las armas nace el conflicto, la “paz” también debe depender de ellas.

Kissinger sostuvo una vez a través de una cadena televisiva que un mundo convulsivo como el del Medio Oriente está lejos de entenderse a través de vías pacíficas y racionales. La paz se adquiere paradójicamente por la fuerza, intuyó. No descarta, sin embargo, que algún día el ser humano llegará a disfrutar de esa paz a través de los tratados y acuerdos racionales. Pero ese mundo está a muchos años en el futuro, y actualmente sólo vive en la mente del idealista, según él.

Hoy, de acuerdo al análisis sustentado por los Realistas, una vez que Irak fue borrado del sistema de control y balances del Medio Oriente, Irán ha sido el directo beneficiado por su caída. Y de alguna manera, Israel y las otras potencias contendientes de la región, los Emiratos Árabes y las otros naciones sunitas, han sido los afectados.

Durante la dictadura de Sadam Husein, la animosidad iraquí e iraní se incrementó hasta el punto de llevar a los dos países a una guerra inverosímil de muchos años, misma que causó estragos a sus economías y sus bases sociales. Una vez que se reestableció la paz, los dos países controlaron las bases de sus políticas y las fuerzas militares el uno al otro. Ese control mutuo, de acuerdo a los analistas Realistas, benefició a la equidad del control y balances de la región.

Empero, con la caída de Sadam Husein, el balance sufre trastornos físicos y el poder se inclina a favor de los chiítas de Irán. A pesar de la enorme ventaja militar de los estadounidenses en la zona, el gobierno de George W. Bush decide no rellenar el hueco que dejó Irak. Entonces las fuerzas políticas y militares en la región se distensionan y se crea un desequilibrio geopolítico.

Por consiguiente, el papel de Israel, es de reconfigurar el control de los balances en la zona. Es decir, atacar a la militancia hezbolá en Beirut, debilitarla, y si es posible exterminarla.

Sin embargo, la meta final del los israelitas no se detiene en Beirut sino se extiende hacia Irán. Está claro que la guerra la iniciaron los guerrilleros de hezbolá al invadir la parte norte de Israel y secuestrar a dos de sus militares. El gobierno israelita pudo haber limitado el enfrentamiento militar o crear canales diplomáticos para resolver el conflicto, pero prefirieron crear una guerra de mediana intensidad para alcanzar otros objetivos.

Si Israel decide amplificar el conflicto, la meta del comando de las fuerzas armadas de ese país es atentar contra las armas atómicas de Irán. Una vez que Irán logre trasponer la penumbra de las armas atómicas, el poder de la región inmediatamente se concentraría en Israel y en ese país chiíta. En otras palabras, la zona se convertiría en una bipolaridad de poderes que, por lo visto, no sólo no le conviene a Israel sino también a los países occidentales, especialmente a los Estados Unidos.

Así, Israel empieza a desarrollar una tarea que aparentemente el gobierno de George W. Bush no ha querido cumplirla por presiones en su país y en la comunidad mundial.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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