July 14, 2006

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por Ricardo J. Galarza

Lo mejor para la democracia mexicana

El electorado mexicano llegó a las urnas, el pasado domingo, en un estado de polarización tal, que los comicios arrojaron el resultado más parejo en la historia electoral del país.

La victoria fue para el candidato oficialista, Felipe Calderón, con 0.58 puntos porcentuales sobre el aspirante del centro izquierda, Andrés Manuel López Obrador. Final de foto para un escrutinio que se extendió hasta la tarde del jueves 6 y que tuvo como telón de fondo cuestionamientos y disconformidades, por un lado, y señalamientos y llamados a respetar los resultados, por el otro.

El consejero presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde, declaró ganador a Calderón; pero López Obrador desconoce los resultados del IFE, alega serias irregularidades en el proceso de escrutinio, pide un conteo voto por voto y anunció que impugnará la elección.

¿Qué sucederá ahora, entonces? Es lo que muchos se preguntan en medio de esta incertidumbre.

Después de esta resolución del IFE, todo pasa al Tribunal Electoral de la Federación (TRIFE), la máxima instancia del país en materia electoral, ya que el IFE es simplemente el árbitro de la contienda. La última palabra la tiene el tribunal.

De manera que el TRIFE recibirá ahora todas las actas de escrutinio y toda la información, además de los juicios por disconformidad, y luego decidirá si hay lugar a las impugnaciones interpuestas por López Obrador y ordena un recuento voto por voto (que es lo que pide el candidato), o si, en cambio, falla en su contra, convalida los resultados del IFE y extiende la constancia de presidente electo a Calderón.

Para eso, el tribunal tiene dos meses, pero se espera que emita su fallo los próximos días.

La polarización de la campaña se ha convertido ahora en agravios y descalificaciones, con los partidarios de López Obrador denunciando fraude, y los de Calderón, reprobando esa actitud y en ocasiones, hasta burlándose de ellos.

El sistema electoral mexicano es uno de los más seguros del mundo, con un padrón electoral altamente confiable y una serie de candados que lo hacen aun más seguro. Resulta muy difícil imaginar un mega fraude institucional, dirigido desde Los Pinos, como sostienen algunos votantes perredistas.

Pero lo que López Obrador ha denunciado son serias irregularidades en varios consejos distritales. Por eso pide un nuevo escrutinio voto a voto, ya que el último se realizó acta por acta, pero no se abrieron los paquetes electorales para el conteo de los sufragios.

Y lo cierto es que en casi todos los distritos donde sí permitieron abrir los paquetes y contar nuevamente todos los votos, aparecieron nuevos sufragios para López Obrador, en algunos, miles de ellos, como en Quintana Roo (12 mil) y en Puebla (7 mil). En otros estados, no se permitió la reapertura de los paquetes.

Otra cosa que llama poderosamente la atención es la cantidad de votos nulos: 903 mil votos anulados en una votación que no llega a los 42 millones de sufragios, y con una diferencia entre el primer y segundo lugar de 243 mil 934. Los perredistas aseguran que muchos de sus votos fueron anulados ex profeso.

Por otro lado, las acusaciones de un gran fraude de Estado por parte de algunos simpatizantes de López Obrador (a pesar de que todo indica que es prácticamente imposible), se inscribe dentro de una cultura de desconfianza, instalada en el electorado mexicano de izquierda a partir de las cuestionadas elecciones de 1988.

En aquellos comicios, el priísta Carlos Salinas de Gortari se impuso al perredista Cuauthémoc Cárdenas en una contienda plagada de irregularidades graves, en la que misteriosamente (y en pleno escrutinio) se cayó el sistema de cómputos; y luego aparecieron casillas en las que (al mejor estilo soviético) hubo 100 por ciento de votos para el PRI.

Por todos estos episodios oscuros del pasado y por las dudas sembradas en el proceso actual (más allá de que la corrección de presuntas irregularidades vayan a cambiar o no el resultado de la elección), lo mejor para la joven democracia mexicana en este momento, parece ser que el TRIFE ordene la reapertura de los paquetes electorales impugnados y un nuevo escrutinio, voto por voto.

La consolidación de este proceso democrático, que tanto esfuerzo ha costado a los mexicanos, depende de la confianza de sus participantes y de despejar las dudas que éstos puedan albergar. Y en ese sentido, el reconteo, sufragio a sufragio, sería el gesto por excelencia en una contienda tan reñida.

Se hizo en Italia y en Alemania en sus recientes elecciones, precisamente por lo cerrado de los resultados, sería un gran paso al frente hacerlo también en México. Y con ello, se estaría enviando una señal clara a sus electores de que, aquí, cada voto cuenta.

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