December 29, 2006

Comentario:

Las Vicisitudes del Año Nuevo

Por Humberto Caspa, Ph.D

El ser humano definitivamente no es inmune a la muerte. Al igual que las plantas y los animales, una persona ante todo cumple el Ciclo Vital de la naturaleza: crece, se reproduce y muere. El año 2006 demostró ser fatídico para muchos mortales. Algunos malos de la existencia humana y otros que pensaron pertenecer al grupo de los buenos perecieron al son del tiempo. 2006 fue implacable con sus vidas, pero no con la naturaleza de su ideología.

Se quiera o no, el general chileno, Augusto Pinnochet fue una de las víctimas más sobresalientes del 2006. Los medios de comunicación mostraron la fachada incolora y fantasmagórica del dictador chileno, recostado dentro de un sarcófago transparente que dejaba apreciar su cabeza y su bigote encanado.

Finalmente el tiempo se encargó de castigarlo por las atrocidades que cometió durante un periodo dictatorial de más de 17 años. Una vez terminado su ciclo autoritario, Pinnochet evadió exitosamente las leyes civiles de su país y del mundo por los crímenes de su gobierno. Al final murió miserablemente embalsamado por la sangre de miles de chilenos que perecieron durante años de terrorismo estatal.

Minutos antes de ser conducido al letargo de su tumba, el difunto recibió un escupitajo de despedida, dando fin a un periodo latinoamericano caracterizado por la violencia, crimen y el abuso a los derechos individuales y colectivos.

Empero, los ideales del dictador chileno no fueron sepultados con su cuerpo. El espíritu de su filosofía fascista todavía mantiene vigencia y está más fuerte que nunca.

El “pinnochismo” emprendió un viaje por América Latina, dejando un sorbo de su ideología autoritaria en El Salvador, México y otros gobiernos latinoamericanos prestos a cometer ultrajes a los derechos de la gente por el simple hecho de fomentar gobernabilidad en sus naciones, especialmente en la sociedad civil.

Finalmente, el pinnochismo se insertó exitosamente en tierras norteamericanas. Muchos gobiernos municipales en California y en otros estados, cuyas poblaciones de inmigrantes son numerosos, han sido proclives a implementar políticas autoritarias similares al del régimen de Pinnochet. La población en estos municipios han demostrado estar prestos –así como ocurrió previo al Tercer Reich de Alemania de Hitler— al surgimiento de gobiernos nefastos y abusivos.

Es decir, a inicios del Siglo XXI está surgiendo, lo que un filósofo llamó, “una personalidad autoritaria” en pleno corazón de California. Muchos residentes de algunas ciudades de este estado como en Costa Mesa, Escondido y Riverside claman por políticas duras y autoritarias. No les importa que los derechos civiles e individuales de la población sean violentados y ultrajados con tal de erradicar a los trabajadores indocumentados. “Sacar a los ilegales sea como sea”, dijo públicamente un concejal de Costa Mesa años atrás.

Asimismo, el gobierno de George W. Bush no ha sido ajeno al pinnochismo contem-poráneo. Su decisión de llevar al país a una guerra cruenta en Irak sin una consulta democrática participativa demuestra también el carácter autoritario de su gobierno.

A pocos meses de fomentar la guerra en el Medio Oriente, el apoyo multitudinario de la población norteamericana desvaneció como por arte de magia. Hoy, pocos son los que lo apoyan y muchos son los que quieren fin a una guerra sin sentido que acaba con más vidas.

Sin embargo, Bush sigue utilizando el poder autoritario de su gobierno para fomentar el divisionismo en el mundo y, paradójicamente, para consolidar el establecimiento de los grupos más retrógrados de la historia humana.

En este sentido, los ganadores de la decisión de Bush son precisamente los regímenes autoritarios del Medio Oriente y un grupo de extremistas irracionales y religiosos liderados por Osama Bin Laden y el grupo Al Qaida. Al igual que Pinnochet, aunque con diferente visión ideológica, estos regímenes y grupos religiosos buscan con placer la fuerza del Estado para corromper y destruir a sus enemigos.

Así, el Año Nuevo tratará nuevamente a imponerse a las vicisitudes del hombre y su ideología. A los seres humanos, el año 2007 seguramente los exterminará con facilidad pero no terminará a su ideología y a su intelecto. No en balde uno de los personajes autoritarios más polémicos de la reciente historia, Fidel Castro, calificó a nuestro mundo como el campo de la “guerra de las ideologías”. Castro en eso sí no se equivocó.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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