December 22, 2006

Comentario:

La Navidad y sus verdugos

Por Humberto Caspa, Ph.D

“Quién mató a Jesucristo”, decía una caricatura política publicada por el periódico La Opinión tres años atrás. Entre las posibles respuestas estaban: Un judío, Carlos Marx, un romano y Santa Clauss (Papa Noel). Todas las respuestas son correctas, pero en medio de la celebración de la Navidad, Santa Clauss se lleva la estrella.

La película La Pasión de Cristo, de Mel Gibson revive casi con exactitud lo acontecido durante el régimen romano que dominó gran parte del Medio Oriente en la época de Cristo. Los judíos se sintieron amenazados por la popularidad y las creencias religiosas de Jesús –decía que era el Mesías judío— y, entonces, planearon su ejecución inmediata.

En todo caso, los judíos se unieron a los romanos para terminar con la amenaza de Jesús el Nazareno. Por una parte, los judíos acusaron a Jesús por propagar creencias inverosímiles; por otra parte, los romanos se valieron de sus códigos jurídicos para apresarlo, enjuiciarlo y finalmente lincharlo en la cruz. Así es como judíos y romanos terminaron con una faceta del cristianismo.

Siglos más tarde, el filósofo, economista y revolucionario Carlos Marx le pone una estocada sin precedentes a las enseñanzas de Jesús. Por cierto, hoy los principios de Marx dominan más el ambiente académico que la mente del individuo común y corriente. Por eso su corriente filosófica raras veces captó con esta gente.

En este sentido, Marx predicó la filosofía materialista o la ciencia que se dedica a la investigación de cuestiones reales y concretas. Mientras tanto, Jesús se avocó más a la espiritualidad y a la salvación del ser humano en el más allá y no tanto en la tierra.

La obra seminal de Marx, El Capital, desmistifica la espiritualidad de Jesús y su religión. Promueve la idea de que los problemas en la tierra son enteramente humanos y reales, y no son espirituales. Es decir, no es el diablo, como normalmente impugnaba Jesús y la religión cristiana, sino el sistema capitalista el que produce y reproduce los males de la sociedad. El hombre se convierte en un ser detestable y avaro dentro de este sistema económico. Le interesa más el dinero y su individualidad que la colectividad de los seres humanos.

Consecuentemente, los problemas de la gente son cuestiones sociales, de política y especialmente económicos. El dicho famoso de Marx: “la religión es el opio de la gente”, resume claramente su visión política y antirreligiosa.

Otras dos personas que no están en la caricatura de La Opinión pero también tiene que ver con la muerte de Jesús son Charles Darwin y Sigmund Freud. El primero cuestionó los principios fundamentales de la creación del mundo. La creencia bíblica de Adán y Eva y la víbora venenosa de Lucifer se convierte en un mito religioso o en un cuento de hadas con el nacimiento de su teoría de la Evolución del Hombre. Fue uno de los golpes más duros a la religión cristiana.

Por otra parte, Freud cuestionó el espiritualismo religioso de Cristo con sus análisis sicológicos. Los problemas sicosomáticos, por ejemplo, que afectan a algunas personas con doble identidad, o individuos con problemas de esquizofrenia, síndrome de Dawn, entre otros, se transforman en parte de la ciencia del hombre. Freud puso en tela de juicio la práctica del exorcismo y otras creencias sobrenaturales de los cristianos.

Por último, nos encontramos con el Santa Clauss o el Papa Noel, como a menudo se lo llama en la cultura latinoamericana. En tierras norteamericanas, la fachada de este personaje gordo, de barba blanca y vestido una indumentaria roja con vivos blancos, es la figura emblemática de la Navidad.

La reminiscencia del nacimiento de Jesús en un portal de Belén junto a unos animales es hoy una ficción en la práctica de muchos norteamericanos. Los niños creen más en la existencia de Santa Claus que en el nacimiento celestial de Cristo. Los adultos se encargan de propagar el mito de Santa y el sistema económico consumista norteamericano se encarga de propagarla. En todo caso, el capitalismo terminó con sepultar una de las celebraciones más recordadas de la religión cristiana.

La Navidad, entonces, se convierte en el acontecimiento más paradójico de la cultura estadounidense. Sus líderes, especialmente el presidente George W. Bush, quieren transformarse en impulsores mundiales del cristianismo, pero su sistema económico (capitalista) y su sistema político (basado en un individualismo exacerbado) terminan con denunciarlos. Al final, ni la Navidad se salva de la política.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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