December 15, 2006

Comentario:

La Inmigración Latinoamericana:

De La Necesidad Humana A La Amenaza

Por Manuel R Villacorta O.

Los fenómenos migratorios no tienen en nuestros días ese caracter episódico o coyuntural que pudieron existir en otros tiempos. Los inmigrantes hoy se marchan para huir de la violencia, de la pobreza, de la exclusión, las catástrofes naturales y especialmente, por razones económicas, en una tensa búsqueda de soluciones para salir de la miseria. Los polos de desarrollo mundial: Estados Unidos, Europa y la floreciente región Asia-Pacífico, atraerán cada vez más a  trabajadores foráneos. El fenómeno migratorio ya no puede ser soslayado, esta hoy por hoy, en el centro de la agenda internacional. El avance de la globalización y con éste, la profundización de la internacionalización de la economía, la política y la cultura, ha activado como nunca antes en la historia humana la práctica migratoria.

Desde el momento que se consideró el fenómeno migratorio como parte medular en las agendas internacionales, se dio por aceptado que la migración exige tratamientos binacionales e incluso, multinacionales.

Un ejemplo categórico es la migración latinoamericana hacia Estados Unidos; a excepción de los ciudadanos mexicanos, todos los latinoamericanos para llegar a Estados Unidos están obligados a cruzar otros países, sea por aire, mar o tierra. Desde el momento que un ciudadano de Colombia —para citar un ejemplo práctico— decide dejar su patria para trasladarse a Estados Unidos, está provocando la activación de intereses y obligaciones de aquellos Estados involucrados en su tránsito hacia el país de destino. Fronteras, territorios, puertos y aeropuertos protagonizan el suceso. Y son las misiones  consulares por una parte, y la actuación de los diversos organismos de seguridad nacionales por la otra, las instituciones directamente vinculadas.

El motivo que está generando las migraciones se reduce a una sola palabra: SEGURIDAD. Todo inmigrante busca —cuando deja su patria— cualquiera de los dos tipos básicos de seguridad: seguridad económica (acceso al empleo y al salario) y seguridad física (garantizar que la violencia no le quite la vida o le arrebate su patrimonio personal). No obstante, hoy por hoy, los inmigrantes lati-noamericanos generalmente están “cruzados” por ambas variables. Huyen de sus países para intentar lograr la seguridad económica que en sus Estados les es negada, y huyen también porque la situación de inseguridad física que prevalece en la región llegó a extremos verdaderamente insospechados.

Por tanto, el factor económico (ausencia de trabajo en América Latina, oferta del mismo en Estados Unidos) y el factor físico (el auge de la violencia en América Latina y el colapso de los sistemas de seguridad y juzgamiento), están integrándose cada vez más, provocando que el motivo para la inmigración sea cada vez más potenciado.

No es entonces difícil de entender, por qué las administraciones de gobierno en Estados Unidos, estén cada vez más reacias a permitir una “relajada inmigración” que pueda llevar a la pérdida de controles locales. Lo que pareciera un endurecimiento por parte del Departamento de Seguridad Nacional y de otras instancias, como el Congreso y el Senado en sus resoluciones, responde a lo que los estudios de inteligencia han evidenciado: cada vez nos aproximamos más a tiempos difíciles y quizá, muy convulsos.

Hubo algunas hipótesis —obligadamente atendibles— que consideran posible que ante una crisis total en México (la “Oaxacanización” nacional), ante la cada vez más evidente incapacidad política de sus gobiernos para maniobrar las demandas sociales, podría darse un intento masivo (se dice que cientos de miles o millones de mexicanos) tratando de cruzar hacia Estados Unidos; de ocurrir, las fuerzas estadounidenses podrían —al menos en sus inicios— verse rebasadas por el fenómeno. Una repetición ampliada del famoso caso cubano ocurrido hace algunas décadas, cuando “los marielitas” intentaron —y lograron— entrar por miles a través del Estado de  Florida.

En síntesis, la inmigración, que alguna vez fue considerada como una necesidad para la poderosa economía de los Estados Unidos, hoy queda como una amenaza. Más allá de los aspectos humanos, que son prioridad, hemos llegado al punto en donde la seguridad nacional se convierte en obsesiva prioridad. Eso se siente y se “respira” en todo Estados Unidos.

Creo con total convicción  que para evitar esa posible y trágica situación,  los líderes políticos de América Latina deberían saber que “la mejor política migratoria, es una buena política económica y social local, que evite la ingrata expulsión de sus connacionales”.

Contacto Manuel R Villacorta O. at manuelvillacorta@yahoo.com.

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