December 8, 2006

Comentario:

Retorno de los Realistas

Por Humberto Caspa, Ph.D

Los naipes del Presidente George W. Bush sufrieron una barajada con serias consecuencias para sus planes a futuro en la contienda bélica en Irak. La carta que aparentemente iba a convertirse en su principal arma de juego, pasó a ser un heraldo de malas noticias. Su nominado a la Secretaría de Defensa, Robert M. Gates, en vez de ofrecerle el selló acostumbrado de camaradería, le presentó una carta de “independencia”.

A diferencia de los anteriores nominados al equipo de asesores políticos y militares de la Administración Bush, Gates no quiere unirse con los ojos vendados. Después de una larga interrogación durante la mañana del martes ante un comité del Senado, Gates precisó claramente que las fuerzas militares norteamericanas en Irak no están ganando la guerra.

Asimismo, criticó a los estrategas de Bush, particularmente a su antecesor, Donald H. Rumsfeld, y a los comandantes militares que diseñaron el ataque contra Irak, que co-metieron errores desde un comienzo mismo de la campaña. “No hubo suficientes tropas en Irak después de la invasión inicial para establecer un control sobre ese país”, sostuvo.

A diferencia del actual equipo del Presidente, Gates propuso que en los planes de estrategia no debería excluirse la retirada de las tropas estadounidenses. “Todas las alternativas deben estar sobre la mesa”, respondió al senador demócrata Carl Levin. Sin embargo, nunca precisó cuándo sería la fecha exacta, el número de contingentes militares y en qué forma sería adecuada la retirada.

Los apuntes de Gates no son difíciles de discernir ni decodificar. Queda claro que su filosofía política sobre las relaciones internacionales es relativamente diferente a la postura política del Presidente Bush y de su equipo de gobierno, el cual se distinguió por la unilateralidad, la rigidez interna y la falta de autocrítica.

Gates se identifica con una corriente académica y estratégica internacional denominada Realista. Uno de los representantes más distinguidos de este grupo de intelectuales es Henry Kissinger, ex Secretario de Estado y consejero político del gobierno de Richard Nixon.

Recientemente Kissinger subrayó que el Presidente Bush está cometiendo un error al promover la democracia en Irak. De acuerdo a su punto de vista, en Irak nunca existieron los medios adecuados como para ensamblar un sistema político de las características norteamericanas. La nueva política del gobierno de Bush, por el contrario, “debería centrarse en la estabilidad de Irak y de la región”, sostuvo.

En este sentido, uno de los objetivos principales de los partidarios realistas es mantener la estabilidad política en el Medio Oriente. Más allá de las pretensiones humanitarias, en el pasado los objetivos estadounidenses en esta región han sido determinados por factores políticos y económicos. El control de las reservas petrolíferas de esta región es uno de los objetivos formales de los realistas y del gobierno norteamericano.

En consecuencia, la estabilidad en la zona es una necesidad impostergable para los realistas. Con gobierno estables, aunque corruptos y anti-democráticos como del ex dictador Sadam Husein o de la autocracia sexista de los reyes en Arabia Saudita, el petróleo fluye mejor que en los gobiernos democráticos e inestables. Por eso, en el pasado el gobierno estadounidense hizo pactos con gobierno altamente violentos y corruptos como la dictadura de Husein y los gobiernos autocráticos de los países Árabes.

A Irak, por el contrario, en vez de crear estabilidad, la democracia le trajo una coyuntura política plagada por la guerra civil. Hoy, sunitas y chiítas se enfrentan a plena luz del día por el control político del gobierno iraqués, y es probable que en el lapso de los próximos meses, los Kurdos sean succionados a ese conflicto interno.

La llegada de Gates le devuelve a la política estadounidense ese elemento estratégico que fue determinante durante los gobiernos de Richard Nixon y Ronald Reagan: Estabilidad en la zona del Medio Oriente. La ética política y la diplomacia multilateral importó muy poco; lo importante eran los resultados. El axioma académico, “el fin justifica los medios”, ilustra la mentalidad de esta gente.

Es probable que Gates no tenga el campo idóneo para establecer una política congruente de estabilidad, pero su puesto en el gobierno le da otra fisonomía al gobierno de Bush. Su llegada dicta el fin de los halcones neo-conservadores y probablemente la política unilateralista del Presidente Bush.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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