December 8, 2006

Muerte, enfermedad, crisis:

¿Cómo reaccionan nuestra mente y nuestro cuerpo ante estas situaciones?

Parte 2

Por Doctora Luz

En el artículo pasado, nos enfocamos en las seis etapas emocionales que experimenta el individuo al vivir graves crisis. Todo tipo de pérdidas dolorosas ocasionan –o provocan– un ciclo de emociones: shock, negación, coraje, negociación, depresión, y aceptación.

Clements (2003) investigó que, cuando la muerte es súbita y trágica, los seres humanos experimentan más dolor y la aflicción dura más. La muerte, enfermedad y crisis, son motivos que pueden causar depresión, amargura, y venganza. Unas personas arrastran estas emociones; pero otras las transforman para sentirse invencibles, fuertes e invulnerables. ¿Por qué la diferencia? Todo radica en cómo concebimos estos acontecimientos, cómo los afrontamos y cómo vivimos las seis etapas (mencionadas anteriormente). El diálogo interno, la influencia de las personas que nos rodean, el miedo al cambio, el no saber cómo cambiar, el ignorar de qué manera estás arrastrando el dolor; las enseñanzas y expectativas de nuestra cultura y religión que nos han inculcado una manera determinada de comportamiento ante el dolor; tu habilidad para entenderte a ti mismo y tu habilidad para resolver problemas; todo esto marca la diferencia en el cómo reaccionamos ante estas circunstancias: salimos adelante y lo superamos, o nos aterramos y nos hundimos con nuestros miedos.

El diálogo interno es el producto de la convivencia con los padres durante la niñez. Son esas voces (de nuestros padres) las que nos dicen lo que está correcto e incorrecto y lo adoptamos como “nuestras” voces. Las experiencias, palabras, libros y educación de los demás, se interpretan y se incorporan a nuestra conciencia, formando parte del diálogo interno. Este diálogo interior es el que acompaña donde quiera que estés y, al mismo tiempo, te dicta cómo vivir, sentir y reaccionar ante la vida, enfermedades, crisis y muerte. Conforme adquieres nuevas experiencias —y más cuando éstas son devastadoras—, reestructuras tu pensar sobre la vida y de ahí vives la vida como un triunfador íntegro o como un ser deprimido, amargado o bien, vengativo: “Sin mis piernas no valgo nada, sólo soy un estorbo” o “el propósito de haber perdido mis piernas es para dedicarme a estudiar y tener un trabajo de oficina donde gane más dinero y mi familia esté mejor.”

Cuando la crisis involucra vergüenza, o estigma social (sida, suicidio, drogas, homosexual, homicidio, etc.), este tipo de crisis no únicamente crean dolor por la pérdida sino por el qué dirán. Estos ataques verbales (en boca de otros) van a crear una serie de emociones tan intensas, variadas, confusas, que muchas veces la persona afectada desea bloquear el suceso. El bloquear es pretender que no sucedió nada y con el tiempo la persona logra lastimar de una manera pasivaagresiva o bien, se aísla de los demás, actúa ultra moralista o se victimiza.

Las creencias familiares, culturales y religiosos me-xicanas sobre la muerte, enfermedades y crisis, permiten, apoyan y le dan atención a la persona bajo conflicto, permitiendo que ésta se convierta en víctima, en la “pobrecita (o)”.

Las circunstancias que viven las personas son difíciles; pero unos se castigan viviendo con el dolor por el resto de su vida. No tiene nada de malo sentir coraje, tristeza (vivir las seis etapas Kubler-Ross), lo importante es aprender de la experiencia y no perder la autoestima en el proceso. Es sano rezar, ejercer rituales religiosos como los novenarios, ir a misa y demás; pero cuando se vive en el pasado, sin permitirte gozar el presente, te dañas a ti mismo y a todo lo que está a tu alrededor.

Si te encuentras haciendo comentarios de algo que sucedió hace más de cinco años, como: “No sabes y no entiendes lo que yo sufrí porque no has sufrido”, “la gente me critica, aunque yo soy bueno/a”, “¿cómo puedo ser feliz, si nada me sale como lo planeo?”, “yo necesito ayuda, si no, no los molestara”, etc. Si tienes este tipo de pensamientos, sólo te estás destinando a una vida insatisfecha. Te encontrarás siempre de mal humor, renegando de los demás; te enojarás con el cajero, en la carretera, con el perro, con el vecino, todo te molestará y terminarás siendo un viejito gruñón.

El atorarte es permanecer en un estado de dolor que parece no terminar o que está escondido. Al no estar dispuesto a soltar el pasado y darle la bienvenida al futuro adoptamos el coraje, la depresión como estandartes o escudos nuevos para vivir la vida. En unos casos se convierten muy autodestructivos: alcoholismo, drogadicción, abandono personal, venganza, suicidio.

El miedo es una de las emociones que se vive durante el conflicto porque se rompe un sistema en pie, aunque el sistema (familia) haya sido disfuncional. Se muere tu pareja, te divorcias, pierdes un trabajo: vas a sentir miedo a la soledad; te angustiará la situación económica, el futuro de tus hijos, las nuevas responsabilidades, los retos y lo desconocido.

¿Qué puedes hacer para salir de este dolor?: Diariamente ve películas y programas de comedia; sal a caminar y respira hondo y llena de aire tu abdomen; identifica siete actividades que te gusten y practica diariamente una actividad por lo menos; identifica y lee en voz alta, por 42 días consecutivos, 42 cualidades de tu persona; reza por ti y por los demás; practica el ejercicio, come verduras crudas, fruta y toma agua; haz cita para hablar con una psicóloga para que te dé asesoria profesional.

El dolor es parte del proceso de la vida y no hay adulto que no haya vivido algún tipo de crisis. No es la caída, sino el saber levantarse.

“La gente más hermosa que hemos conocido es aquélla que no se ha dejado vencer, conoce el dolor, conoce la lucha, conoce la pérdida, y ha salido de lo más profundo. Estos seres conocen el aprecio, la sensitividad, y un conocimiento de la vida que los llena de compasión, gentileza, y una profunda preocupación amorosa por los demás. La gente bella no nace, se hace”.

Kubler-Ross

Se pueden comunicar con la Doctora Luz María Villanueva González Ph.D: luzmariav1@cox.net o al teléfono (619) 434-7779.

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