August 25, 2006

Jardín Botánico en Vista en donde las técnicas tradicionales de curación de Oaxaca son practicadas por un Curandero

Por Luis Alonso Perez

Hace un par de años Jorge Martínez, un inmigrante oaxaqueño que radica en el condado norte de San Diego, padecía una severa tos seca que no había podido aliviar con tratamientos médicos con-vencionales y le preocupaba que pudiera empeorar hasta convertirse en una pulmonía.

Al poco tiempo leyó en el periódico que existía una persona en un jardín botánico de Vista que curaba con hierbas siguiendo las tradiciones indígenas de Oaxaca. Al llegar conoció a Erasto Camacera, el curador y encargado del jardín, un hombre alto, amable y de mirada serena.

Basándose en sus síntomas, el diagnóstico de los doctores y una larga plática, Don Erasto le dio un poco de gordolobo y le recomendó prepararlo en té.

Tres días después Jorge se sentía mucho mejor y su tos comenzó a desvanecerse gradualmente.

“Yo no soy el que cura, son las plantas” expresó Don Erasto, quien continúa sanando con el conocimiento que le ha sido transmitido oralmente de generación en generación. “Nosotros venimos de la naturaleza y a la naturaleza regresaremos” dijo con una voz profunda mientras apuntaba hacia la tierra fértil que hace crecer las hierbas medicinales.

Pero más que encontrar una cura a su tos, Jorge encontró un santuario. Ahora visita el jardín los fines de semana acompañado de su familia para trabajar la tierra y aprender de la sabiduría de Don Erasto.

“Las nuevas generaciones están alejándose de las tradiciones” lamentó el curador, al ver que su conocimiento está en peligro de extinguirse si no es transmitido a una nueva generación.

Don Erasto nació en una familia con una larga tradición como curadores y parteras, pero su humilde situación económica no le permitió asistir a la escuela. Cuando tenía tan solo cinco años comenzó a conocer las plantas y su poder curativo a través de su abuela.

A pesar de toda una vida dedicada al conocimiento de las plantas y a la práctica de curar, no lo toma como negocio y vive una vida austera, sobreviviendo con las donaciones voluntarias que le dan las personas que buscan su ayuda. Sin embargo, él no promociona su trabajo ni “busca clientes” como lo hacen otros curadores motivados por el dinero, que regularmente trabajan solos y son celosos de compartir lo que saben.


Don Erasto Camacera, curandero.


“Nadie puede trabajar separado y los que lo hacen sólo corrompen el conocimiento. Necesitamos hacer crecer el conocimiento” exclamó Don Erasto.

A su vez, el curador respeta mucho el trabajo de los doctores convencionales y considera que ellos tienen el conocimiento de cómo curar “solo que tomaron otro camino”. Es por eso que siempre pregunta por algún diagnóstico médico a las personas que acuden a él y si después de evaluar su estado de salud se da cuenta de que tiene una enfermedad muy grave o el daño a su organismo es muy avanzado, los refiere a un doctor local para recibir una atención especializada.

“Don Erasto se preocupa mucho por su gente” comentó Jorge Martínez, remarcando su alto sentido ético y la gran responsabilidad que siente hacia su comunidad.

Dolores, una mujer que durante muchos años sufrió problemas estomacales, también está muy agradecida con Don Erasto por ayudarla a aliviar su padecimiento, ya que no había podido encontrar una cura después de haber consultado varios doctores e intentado diversos tratamientos médicos, así que decidió acudir al jardín como su última esperanza.

Con un poco de escepticismo Dolores tomó el te recetado por Don Erasto, que más que aliviar su dolor la hacía sentirse relajada y al poco tiempo comenzó a sentirse mejor.

“Yo creo que lo más importante (para aliviarse de forma natural) es romper la barrera” comentó Dolores. “Esto me hace regresar a la naturaleza”.

Alrededor de 45 tipos diferentes de plantas medicinales pueden encontrarse en el jardín de dos acres, ubicado en lo que solía ser una mina de cobre. Pero cientos de hierbas más pueden ser encontradas en las montañas cercanas, así que si alguna persona necesita una planta que no tiene en el jardín, Don Erasto sale a buscarla.

El jardín abrió sus puertas hace cuatro años y se mantiene gracias al trabajo de miembros de la comunidad como Jorge, de las donaciones que recibe y el auspicio del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, un grupo defensor de los derechos de los inmigrantes indígenas.

“Para nosotros este es un patio hermano a Oaxaca” comentó Don Erasto con un rostro lleno de orgullo.

A pesar del apoyo que recibe de la comunidad, el jardín ha crecido lentamente, ya que no cuenta con los recursos económicos para comprar las tuberías de riego que son constantemente dañadas por los topos o para solventar los altos costos del agua, por lo que regularmente tienen que organizar eventos para recabar fondos y acudir a la comunidad para aporta-ciones económicas.

“A mi me gustaría ayudar más al jardín y darlo a conocer a más gente para que pueda crecer con el apoyo de la comunidad” comentó Jorge Martínez, quien se ha dado a la tarea de seguir transmitiendo a sus hijos el conocimiento de las plantas que le ha compartido Don Erasto, asegurando de esta forma que las tradiciones indígenas perdurarán a pesar de encontrarse muy lejos de Oaxaca.

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