August 25, 2006

Comentario:

Crisis aquí y en allá

Por Humberto Caspa, Ph.D

Las palabras de uno de mis lectores del vecino país sirven para el razonamiento y el análisis. La semana pasada me recordó: “Mientras goza de la tranquilidad económica de Estados Unidos, a usted se le hace fácil criticar (analizar) la situación en mi país”.

En parte, esta persona tiene razón, especialmente si comparamos la posición económica de las poblaciones mexicanas en ambos países.

Sin embargo, la situación política de más de once millones de trabajadores indocumentados —muchos de ellos ciudadanos mexicanos— es probablemente más precaria que de aquellos trabajadores que se encuentran en el vecino país del sur.

Allá, a pesar de la perfidia de la corrupción, el mal gobierno, incluyendo la crisis agónica desatada por el proceso electoral, los trabajadores tienen derechos y pueden disponer del sistema político, incluso legal, para defenderse. Mientras que aquí, la mano de obra del trabajador indocumentado es aprovechada y muchas veces al extremo de ser explotada por el mismo tendero que abre su “Seven-Eleven” todos los días.

Dado los condicionantes anti-inmigrantes en tierras norteamericanas, la incertidumbre política no sólo hace presa de los indocu-mentados sino de toda la población latina-estadounidense.

No deja de preocuparme, por ejemplo, que un día no muy lejano, si el poder político continúa cediendo al flagelo de grupos ultra-conservadores, nosotros estemos observando reinstalar partes del sistema corrosivo que caracterizó al periodo segregacionista. El proceso ya empezó en los gobiernos locales; ahora se desliza poco a poco dentro de las esferas del gobierno federal.

Asimismo, el mismo lector me recuerda: “Nosotros, no usted en Estados Unidos, somos los que tenemos que soportar la situación caótica del problema de las elecciones.”

Sociólogos de la talla de C. Wright Mills and Ralf Dahrendorf coinciden que el conflicto en la sociedad no es del todo negativo. Según esta perspectiva los recursos —políticos, económicos, etc.— en la sociedad no están distribuidos asimétricamente; es decir unos acaparan más que otros.

Esa falta de ecuanimidad lo sabemos desde que la mamá del vecino permitió a su hijo “panchito” de 16 años salir de parranda, mientras que dejó a su hija “Lolita” de 18, bajo el lecho de su alcoba. La injusticia está ubicada en nuestras propias narices.

La crisis, y algunas veces la violencia, es la reacción de los estratos bajos de la sociedad a falta de mecanismos formales de representación o de agencias (privadas o públicas) que reivindiquen sus intereses. Cuanto menos acceso al gobierno tienen estos grupos, mayor es la reacción. Y cuando existe represión autoritaria, la comunidad o la sociedad entera se expresa de manera enérgica o en algunos casos accede a un movimiento revolucionario.

En términos reales, lo anterior se expresa de la siguiente manera. Las manifestaciones pro-inmigrantes de marzo y mayo de este año se suscitaron porque se negaron los canales formales de reivindicación a un sector de la población norteamericana. Como resultado, millones de personas se congregaron en Los Ángeles y en otras ciudades del país para hacer uso del derecho a la movilización social. No existieron hechos lamentables, pero eso muchas veces es impredecible.

En México, aunque a muchos no les gusta reconocer, está sucediendo algo similar pero con condicionantes que pueden transmutar el periodo revolucionario a nuestros días.

Lamentablemente para mi lector mexicano, su país se encuentra en un proceso de polarización histórica. La derecha se atrinchera en los códigos formales, asumiendo el papel falso de resguardador del orden y protector del estado de derecho.

Mientras ello sucede, una gran mayoría no encuentra esos canales formales de representación para reivindicar sus intereses. Esta gente, día a día va perdiendo la noción del tiempo, el respeto al sistema político y especialmente al estado de derecho. Con el tiempo la ansiedad crece, el movimiento madura y en el momento menos pensado estalla ante la mirada atónita de los gobernantes y la sociedad.

Esa, por supuesto, no es la forma como se quiere que termine la crisis en México. Para ello, es importante que los líderes políticos sepan leer las necesidades de la sociedad, especialmente de las mayorías, y encuentren aditamentos políticos, económicos y sociales para menguar el caos y permitan el acceso a la reivindicación de intereses a través de vías formales. En México todavía hay espacio para el diálogo y el entendimiento.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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