August 18, 2006

México del Norte
Por Jorge Mújica Murias

El Dirigente Colectivo

Solamente dos días y medio (porque a final de cuentas nadie tiene más tiempo de andar en estos rollos, especialmente los activistas de medio tiempo del movimiento inmigrante), más de 700 de los susodichos individuos se reunieron en un microsuburbio en las afueras de Chicago para planear como seguirle haciendo travesuras a Tom Tancredo, a George Bush, a Jim Sensenbrenner y corifeos que los acompañan.

Fieles a la tendencia de traer lo mejor de las buenas tradiciones mexicanas a México del Norte, los activistas convirtieron a Hillside, Illinois, en el nuevo Chapultepec, no por aquello de que sea cerro, que en estos lares todo es plano, sino porque armaron tremenda olla de grillos.

Y ahorita el lector seguramente ya está pensando “claro, chinches grillos, de seguro casi se mataron entre ellos”. Pues no. En la Convención Nacional de Estrategia por los Derechos Migratorios nadie murió. Mostrando una intención de unidad que no habíamos visto en muchos años, los 700 y pico de activistas no solamente no se mataron entre ellos sino que terminaron poniéndose de acuerdo.

Representaron más de 25 estados, más de la mitad de Estados Unidos, a cerca de 400 organizaciones, y a la absoluta mayoría de los 7 millones de personas que en este país se dedicaron a marchar de marzo a mayo por la legalización de los indocumentados.

La primera Resolución de la Convención fue reflejar lo que esos millones de marchistas pidieron y exigieron a gritos: legalización para todos. Es más, la Convención resolvió no dejar las cosas al “a ver qué pasa”, sino a “hacer todo lo posible para que este año NO se apruebe una reforma migratoria”. En otras palabras, “es mejor que no haya ley a que haya una mala ley”.

Y este fue solamente el principio de los resolutivos. De ahí pa’lante, la Convención se pronunció por el cese inmediato de las deportaciones, por el boicot contra Kimberly Clarke, changarro que mantiene la riqueza de Sensenbrenner con su montón de acciones; y hasta elegir al estado o localidad más racista en Estados Unidos y llevar a cabo una acción nacional en su contra.

De pie, marchar, que vamos a triunfar.

Y claro que la cosa no termina ahí. Nacido en las marchas callejeras, el movimiento se prepara para volver a marchar. La primera fecha es en un par de semanas, del primero al 4 de septiembre, que en este país se conmemora el “Labor Day”, variante gringa del Día del Trabajo.

Cada organización local en la “coalición del calendario” (donde hay coaliciones 10 de marzo, 1º de mayo, 25 de marzo, 10 de abril y otras fechas ahora históricas), decide que hacer, pero la consigna es que todas hagan algo, desde una conferencia de prensa, un foro migratorio, hasta una manifestación como las de hace tres meses.

Y esta coordinación es el segundo gran resultado de la Convención Nacional. Hay gente que lleva años, desde que murió César Chávez, lamentando que no surja “otro César Chávez para dirigir a los latinos. Dicen que los afro-americanos tienen Jesse Jackson o al reverendo Al Sharpton, e incluso a Louis Farrakhan, y que la extrema derecha anti-inmigrante tiene a su Tancredo y su Sensenbrenner, y que nosotros no tenemos a nadie.

Pues la Convención no pasó el tema por desapercibido, y acordó algo al respecto: a falta de uno, ¡cien!

Por decisión de la absoluta mayoría de los organizadores de las marchas, tomando en cuenta que representan a la gente que marchó y seguirá marchando, nos negamos a tener “líderes únicos”. En cambio, se formó una Coordinadora Nacional, integrada por voluntarios de todos los estados, las organizaciones y los diversos grupos étnicos, las mujeres, los jóvenes y los estudiantes, para que sea la dirección colectiva. Es una muestra de respeto a los millones de personas que marcharon, y que deben seguir teniendo participación en este gran movimiento.

Es una muestra de una cosa rarísima en el planeta: unidad.

La Coordinadora Nacional tiene a su cargo plantear una nueva propuesta legal de reforma inmigratoria, de hacer trabajo en los medios de comunicación en todos los idiomas, abrir una página de la Web y hacer conferencias telefónicas para trabajar juntos.

En el colmo de la unidad, la Coordinadora quedó abierta a las organizaciones, grupos y activistas que no fueron a la Convención.

Ya era hora. Ahora no somos 160 ciudades marchando cada una por su lado. Somos un solo movimiento.

Contacto Jorge Mújica Murias at mexicodelnorte@yahoo.com

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