August 4, 2006

El sabor de la tradición

Una mirada de afuera fue capaz de poner “Quinceañera” en celuloide

Por Jose Daniel Bort

Ha estado en la lista “por hacer” de todos los planes de negocios de todas las compañías de cine enfocadas al mercado latino. Tuvieron que venir un par de americanos habitantes de Echo Park en Los Ángeles para hacerla.

“Quinceañera” llega a las pantallas de cine con el pedigree de haber ganado Sundance dos veces. Es la primera vez que una película gana a su vez el premio del jurado y del público en el clásico de Enero, enmarcado en el cine independiente. Y no podría haber sido mejor ejemplo de un esfuerzo man-comunado entre miembros de una comunidad.

Más allá de la tradición y la fiesta, quinceañera relata las diferencias sociales entre mismos miembros de una comunidad en perenne cambio. Enclavado entre las faldas de Griffith Park y el downtown de Los Ángeles, Echo Park vive un proceso de gentrificacion que afecta por igual a los antiguos residentes como a los nuevos.


Emily Rios como Magdalena


Y en el centro de la controversia está la familia de Magdalena. Fresca de la fiesta de su prima Eileen, Magdalena se “desgracia” a sí misma con un embarazo prematuro. Cuando el novio se entera, la madre lo saca de la ciudad y le impide cualquier contacto con Magdalena. Mientras tanto, su primo Carlos quiere salirse de la pandilla donde se encuentra y empezar a llevar una vida sana.

Carlos se enrolla con los vecinos gay de la zona, que vienen al vecindario comprando, remodelando y sobrevendiendo. Esta situación afecta al tío Tomas, quien ha vivido toda su vida en el vecindario y por estar solo resulta el lugar perfecto para que Magdalena y Carlos encuentren refugio. El problema viene cuando El tío es botado del sitio donde ha vivido por tanto tiempo ya que los alquileres valen mucho más de lo que paga ahora.

Los directores Richard Glatzer y Wash Westmoreland usan el marco de la fiesta tradicional Latina para explicar los cambios que han visto en su vecindario y que son inevitables. Aunque es notable la falta de recursos económicos en la película (la cual estuvo hecha por tan solo $400,000), los directores aplican el sentido común para trabajar los detalles de la historia y brindar una pieza de entretenimiento sólida y coherente, en ocasiones sublime.

Es particularmente loable el trabajo del talento joven latino, el cual con muy poca experiencia hacen vibrar la pantalla con sus destellos de vida. Emily Rios y Jesse García en los papeles principales cargan la mayoría del peso de la historia y serán vistos con frecuencia en los próximos proyectos que necesiten latinos al volante.

La ironía que un par de americanos hayan sido capaces de contar la historia de la “quinceañera” a la población general no se le escapa a nadie en la comunidad fílmica latina. No creo que los cineastas hayan esperado un recibimiento tan imponente (La distribuidora, Sony Pictures Classics, tan solo había trabajado en español con cineastas como Almodóvar), pero su éxito reitera una vez más que las historias latinas del sur de California están ahí y que merecen ser contadas. Tan solo se necesita la mano que sujete el pincel al marco.

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