August 4, 2006

Criar a nuestros hijos en Estados Unidos

Por: Doctora Luz

Cuando fui a visitar a mi hermana Rosa, quien vive en México, observó que mis hijos se comportaban de una manera diferente a los suyos. Rosa me dijo: “Tus hijos son unos irrespetuosos, no saludan, se creen que son mejores porque sólo quieren hablar inglés y no te hacen caso”.

Y así continuó mi hermana: “¿Qué te pasa? ¿Se te olvidó todo lo que nuestros padres nos enseñaron? Creo que el irte a vivir a los Estados Unidos te dio más comodidades; pero tus hijos son unos malcriados”.

Esta historia es muy común; pero... ¿por qué? Esta dinámica tiene diferentes factores. Un factor viene siendo cuando la mayoría de valores y costumbres son incongruentes con los de la sociedad y la familia.

En México, una costumbre es de que a los hijos se les enseña a saludar al prójimo, sobre todo a los mayores; esto se ve en casa desde pequeños. En el vecindario, todos se conocen y se saludan; en la escuela, al entrar cualquier adulto al salón de clase, se le saluda. Los valores y costumbres de la sociedad de México y sus familias son congruentes.

En los Estados Unidos se les enseña en la escuela que a los extraños no se les debe saludar, confiar, porque no sabes si el adulto que saludas va tener mala intención. Los vecinos tampoco saludan porque para muchos significa ser “metiche” y mejor dicho “none of my business”.

Entonces, a quienes vivimos en los Estados Unidos nos parece una labor difícil enseñar a nuestros hijos a saludar a toda clase de personas. Nuestros chicos latinos se confunden con el mensaje de la sociedad en la que viven y el de la familia a la que pertenecen.

Pero se complica un poco más porque a los mexicanos que tienen una generación en los Estados Unidos y que no dominamos el inglés, los hijos traducen. Esto pone al hijo en una situación indispensable y de poder. Los hijos empiezan a dominar más el inglés que el español porque lo usan más en su medio: amigos, escuela, televisión, etc... Llega un momento en el que el cerebro se “aflojera” y le cuesta trabajo recordar. ¿Es que debemos culpar a nuestros hijos por estar en esta posición? ¿Son ellos los culpables de estas incongruencias?

Ahora se complica aún más cuando los hijos sienten vergüenza por su ascendencia, cuando los hijos no conocen su historia o bien se les comunica que ser mexicano es ser un miembro inferior y en contraparte no tienen cerca de ellos una versión que hable de la grandeza y profundidad de nuestras culturas.

Algo muy peligroso ocurre cuando nuestros hijos adoptan la creencia exterior, ya sea de amigos, escuela, medios de comunicación, de que los inmigrantes perjudican a los Estados Unidos, últimamente versiones difundidas sobre todo a raíz de los ataque terroristas del 9/11.

El ser humano tiene una necesidad de integración a su entorno. Nuestros hijos comparan, prefieren y conocen más el modo de vestir, la música, los valores, los conceptos y libertad de los Estados Unidos. Ante el desconocimiento que tienen de México y sus costumbres, empiezan a negar sus raíces, su familia y su propia identidad y para sentir que son parte de la sociedad anglosajona, rechazan a su familia, cambian los nombres: José y Francisco, por Joe y Frank; y en casos peores, se enlistan en grupos antiemigrantes para alejarse aún más de su raíz.

Yo nací aquí en Estados Unidos; pero de pequeña mi familia se fue a vivir a México. A la edad de 10 años nos regresamos a los Estados Unidos. Los niños americanos y otros mexicano-americanos que hablaban el inglés y el español “mocho” se burlaban y me decían cosas como: “BEANER, WETBACK”.

Para mí era extraño, no entendía su burla puesto que yo sabía que el ser mexicano es sentirse orgulloso. Mi percepción de los niños era que eran unos groseros, mal educados. Que yo hablaba el español y aparte estaba aprendiendo el inglés —dos idiomas son mejor que uno—. Si yo de niña no logro concluir que el problema es el de los muchachos “unos groseros” y elijo no cambiar mi percepción de estar orgullosa de ser mexicana probablemente con tal ser aceptada rechazaría mi cultura.

Si no entendemos el mundo en el que nuestros hijos viven y al que hemos llegado, se nos complican las cosas. Como podemos ver, la labor de quienes criamos hijos en los Estados Unidos es ir contra la marea si no se está preparado para educar a nuestros hijos de una manera consciente, para incorporarles valores, costumbres, y el orgullo por nuestra ascendencia mexicana. Y aún más, conocer lo bueno que pueden ofrecer los Estados Unidos a nuestros hijos, y valorar esa ventaja que tienen para desenvolverse en este mundo que nos ha unido: el Internet.

Su amiga,
La Doctora Luz

“No es la carne y la sangre, 
sino el corazón, lo que nos 
hace padres e hijos”.
Friedrich von Schiller

Se pueden comunicar con la Doctora Luz María Villanueva González PhD, doctoraluz@latinoseminars.com (619) 434-7779.

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