August 4, 2006

Comentario:

La paradoja de Fidel

Por Humberto Caspa, Ph.D

¡Si, el Comandante ha muerto! ¡No, el Comandante no ha muerto! Como en una novela inverosímil, que sólo tiene cabida en la magistral pluma de Gabriel García Márquez, la gente en Miami y en La Habana sigue agitando banderas cubanas para manifestar su alegría y desazón, respectivamente, por el repentino decaimiento de Fidel Castro.

Para millones de personas como yo que se apuestan en las graderías de este espectáculo protagonizado por admiradores de Fidel y por grupos que lo reprueban, incluso hasta el extremo de preconizar su muerte, estas escenas que recibimos a través de los medios de comunicación promueven sentimientos encontrados.

Cuando se conoce la historia de Cuba con objetividad difícilmente se puede poner a uno de los dos bandos. Lo mejor en este caso es simplemente presenciar el desarrollo de los capítulos porque el encuentro de estas dos fuerzas políticas es hasta novelesco.

Por otra parte, la vida de Fidel fácilmente puede ser la base de una obra literaria o una obra musical de Broadway. Él, como muchos individuos legendarios de la historia latinoamericana, ha vivido en el umbral de la realidad y ha estado a un paso de la ficción.

Bien hacen aquellos que juzgan a Fidel por los infortunios económicos de su país. Las políticas de corte socialista que ha primado en Cuba desde que Fidel subió al poder, en diciembre de 1959, produjeron un estancamiento estructural económico que ha pauperizado las bases sociales de ese país.

Las informaciones vertidas desde Miami son, hasta cierto punto, irrefutables. Se dice que La Habana está postrado en un mundo de la época del Rock ´n Roll, con automóviles Chevrolet de la época de Elvis Presley y con sus empresas y negocios que no tienen ningún tipo de tecnología. Estos argumentos pueden ser exagerados, pero el famoso documental fílmico, “Buena vista social club”, testifica claramente la incompatibilidad de Cuba con la realidad económica mundial.

Asimismo, el estancamiento de Cuba no es sólo económico sino también político e ideológico. En una sociedad libre —no creo que la nuestra sea un buen ejemplo— las diversas formas de libertad son la crema y nata de las estructuras políticas. En Cuba, si una persona no pertenece al partido comunista, es virtualmente imposible que tenga acceso a posiciones de poder. El sistema recompensa a los que están de acuerdo con las reglas del juego, pero niega los derechos a aquellos individuos que imploran abiertamente otras formas de gobierno.

Por otra parte, los medios de comunicación en Cuba están controlados por una maquinación estatal que restringe el acceso a otras formas de pensar que no estén de acuerdo con el socialismo. He notado, por ejemplo, que unos artículos míos que critican a las políticas del gobierno del Presidente George W. Bush son publicados por uno de los periódicos más importantes de Cuba. Sin embargo, hay otros escritos míos que hablan de la democracia y las libertades individuales que nunca fueron considerados.

Sin embargo, no podemos inculpar a Fidel por todos los agravantes de Cuba. De ser así, estaríamos ignorando miles de páginas de análisis riquísimos escritos por intelectuales norteamericanos y latinoamericanos, quienes no ven a Fidel como el actor principal del desasosiego de ese país, sino al propio gobierno norteamericano.

Según esta fuente, desde el inicio de la época republicana hasta hoy, los gobiernos estadounidenses han sido el elemento desestabilizador de Cuba. Fue el gobierno de Dwight E. Eisenhower que permitió la abrogación de un proceso democrático legal e instaló a uno de los regímenes más salvajes de la época dictatorial en América Latina. Fulgencio Batista pasó en pocos días, de sargento a oficial de servicio en las Fuerzas Armadas de Cuba, y simultáneamente se hizo presidente de su país.

El apoyo político y logístico por parte del servicio de inteligencia estadounidense está documentado por muchos autores. Sólo los golpes militares de Augusto Pinnochet en Chile y de Jacobo Arbenz en Guatemala superan la pericia de la CIA en el caso cubano.

Del gobierno actual de EEUU es preferible no hablar; todos sabemos como actúa y como procede. Lo mejor es continuar observando el encanto del desarrollo de la historia cubana. Su protagonista principal, aunque muchos lo desprecien, es figura puntal del universo latinoamericano y mundial.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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