April 28, 2006

Atención: Lea sólo si es una mujer que es golpeada

Violencia doméstica

Parte 2

Por: Doctora Luz

Probablemente has escuchado en varias ocasiones que las mujeres que están en relaciones donde el hombre las golpea es porque les gusta.

Qué difícil debe ser el tratar de explicar que “no te gusta”, que cuando te están golpeando estás sintiendo miedo, dolor, rabia, y después entra una sensación de impotencia y empiezas a ver cómo tu cuerpo se hace chiquito y tu alma se encoge también. Después de haberte golpeado, él (tu pareja, tu esposo, tu novio) te empieza a prometer que “no lo va a hacer de nuevo, que ésa será la última vez que te pone una mano encima, que lo disculpes…”, y en ese momento sabes que estás a salvo. La forma en que se disculpa parece tan real que en ocasiones hasta llora y te acaricia y comienzas a sentir lástima. Momentos después te explica que tú eres la culpable de ocasionarle la agresión. Te comenta que si tú no hubieras gritado o no te hubieras vestido de esa manera, o si no hubieras volteado a ver a ese hombre, o hubieras comprendido que no hay dinero y que es un hombre con necesidades él no te hubiera golpeado.

Conforme te explica qué fue lo que hiciste mal no te queda claro; pero juras no volver hacerlo y te convence de que tú eres la responsable. Y lo único que consideras que debes hacer es ser más callada, más sumisa, más introvertida y quizá si te comportas de esa manera él no te golpearía.

Terminas adoptando –y aceptando- la idea de que como esposa no eres buena y ni tampoco como madre. Con esta actitud, con este sentimiento: ¿Qué ejemplo le das a tus hijos? Unas hijas aprenderán a que es aceptable ser golpeadas y unos hijos aprenderán que es normal golpear a una mujer.

Por lo general, lo anterior es un patrón de mujeres golpeadas. Lo más común en estas mujeres que viven este tipo de agresión fueron golpeadas desde la infancia. La cultura latina y la religión nos imponen conceptos o ideologías, tales como que una mujer divorciada se ve mal y una familia sin papá o mamá no es familia “normal” o “tradicional”, es decir, es “disfuncional”. Y este tipo de clichés o modos de pensar provocan que la mayoría de las mujeres acepten su realidad: ser golpeadas.

No trabajas, no tienes estudio o bien, el dinero que ganas apenas te alcanza y tienes que “ajustarlo” a tus necesidades. Entonces, obligada por las circunstancias, tienes que “seguir con tu pareja” y aguantar los golpes. Y si has tenido el deseo de dejarlo tu familia ya no te cree y esto origina una serie de pleitos y fricciones entre tu pareja, tu familia y tú. Y lo que es peor: terminas siendo la culpable para ellos. Así que el acudir con tu familia para solicitar algún tipo de apoyo económico, moral, etc. no es posible. Y si hubiera la posibilidad de acercarte a ellos no podrías hacerlo, puesto que tu pareja te ha prohibido tajantemente que convivas con tu familia.

La mujer se encuentra en un ciclo violento, aislado, donde no sabe cómo escapar de él. Este ciclo tiene cuatro etapas que son recurrentes en algunas parejas y en otras suceden de manera ocasional; o bien, en algunas parejas se pueden presentar estas etapas cuando están pasando por un momento de estrés o presión.

En la primera etapa, “incrementa la tensión”: el agresor se comporta impulsivo, molesto por todo, grita, rebaja, critica, amenaza, insulta, aísla a la mujer de los demás, incrementa o empieza a tomar licor, drogas, y se le ve de un de repente triste. Por el contrario, la mujer se comporta de una manera más sumisa; mantiene a los niños callados, se aísla de la familia, amigos, trata de calmar a su pareja y de adivinar qué le molesta; prepara los alimentos de su gusto, sabe que en cualquier momento él puede explotar y golpearla. Hace lo imposible para controlar el ambiente y el carácter del agresor. En algunas ocasiones, la mujer siente que no puede controlar la situación y entonces grita y explota para que entre la siguiente etapa, con la idea de que así llegará la paz por un momento. Inconscientemente, la etapa de la tensión se convierte más agotadora que el dolor físico.

La segunda etapa consiste en una “explosión violenta”. El agresor, cuando sabe que ella (su pareja) se encuentra sola, la humilla, haciéndole creer que está loca y así continúa su abuso verbal. Ella trata de calmarlo o bien, razonar con él. Pero el agresor empieza con empujones, jaloneos, después le siguen los golpes, y así puede continuar con patadas, lanzarle objetos o hasta estrangularla, abusarla sexualmente y, lamentablemente, en muchos casos llega a matarla. Ella, durante este proceso, se defiende como puede o bien, se somete al abuso. La policía es llamada por los hijos, vecinos y en ocasiones por ella misma quien, se va de la casa o la policía se lo lleva a él.

En la siguiente etapa, conocida como “luna de miel”, el agresor se disculpa pidiendo perdón; pero haciéndole creer que ella es la responsable por haberlo hecho enojar. Él promete, jura, perjura no golpearla más. Da su palabra de que irá Alcohólicos Anónimos y que acudirá con un terapeuta. Se vuelve más cariñoso; le dice palabras bonitas, llora, le trae flores, quiere hacer el amor con ella. Entonces lo perdona, regresa con él, trata de parar los procedimientos legales; ella se cree que también es responsable de la golpiza. Se siente querida, feliz, habla bien de su agresor minimizando todo lo sucedido. Ella se dirá: “Pudo haber sido peor”, “él me quiere, lo que pasa es que está pasando una situación difícil”. La familia se enoja con ella por perdonar “otra vez” las agresiones.

La cuarta etapa, “pretende olvidar la explosión violenta”. El agresor minimiza el daño que hizo, deja de cumplir las promesas, deja de ser cariñoso, no hay abuso físico y mucha indeferencia. Ella está tranquila; pero comienza a preocuparse porque él no está cumpliendo con las promesas. Él ya dejó de ser cariñoso y a ella le da miedo cuestionarlo porque “no vaya ser que el ciclo de comportamiento de violencia empiece otra vez”.

¿Por qué la mujer se queda en una relación violenta? Existen muchas razones con una complejidad emocional, cultural, económica o bien, por el aislamiento, bajo estima, creencias sobre el matrimonio y los hombres. Curiosamente, las mujeres que logran salir de estas relaciones entran a otras donde se repiten los mismos patrones. Este tema, debido a su complejidad, merece ser tratado con mayor detalle y detenimiento; por este motivo, en el siguiente capítulo: “Violencia doméstica parte III, se explicará ampliamente.

Retomando el asunto que nos concierne en esta segunda parte, he aquí los resultados: Las estadísticas nos demuestran que 11 mujeres mueren diariamente por violencia doméstica. Ésta es la causante número uno de lesiones en mujeres entre los 15 y 44 años que viven en los Estados Unidos. Una de cada tres mujeres ha sufrido por lo menos una agresión física por parte de su pareja a lo largo de su vida. Uno de cada cinco homicidios es causado por violencia doméstica. Un tercio de las emergencias en un hospital son por mujeres que fueron abusadas físicamente. Una mujer embarazada corre más riesgo de ser golpeada. La violencia doméstica deja a familias en la calle y destruye la vida de los hijos y de las personas involucradas.

Este tipo de conductas destructivas que atentan contra la dignidad e integridad de la mujer deben de ser erradicadas desde sus cimientos, para así evitar que las futuras generaciones (o nuestros propios hijos) sean víctimas o agresores de este tipo de violencia doméstica. Menciono la palabra “evitar”, porque está en nuestras manos (como padres, hermanos o madres) el impedir que estos patrones se sigan repitiendo ya que, tus hijos aprenden de ti que los golpes son aceptables puesto que presencian que tú los aceptas y que no haces nada por cambiar esa situación, y esto provocará que crezcan con la idea de que “está bien o es correcto golpear a tu pareja”.

De esta manera, nuestro compromiso -como integrantes de una familia y de la sociedad- es el de formar personas sensatas que respeten el derecho a vivir plenamente y en armonía, y sobre todo, nunca atentar con la integridad o la vida de alguien más.

Confío plenamente en que el resultado de estas estadísticas se conviertan en el parte aguas de una reflexión profunda que incite al lector (y a las mujeres que viven esta situación) a pensar en cuál sería tu futuro si estás en una relación donde abundan los golpes y el abuso verbal. Si te encuentras en esta circunstancia, estás exponiéndote a morir, a que tus hijos se queden solos y tu pareja vaya a la cárcel. Vale la pena participar en ayuda psicológica para salir de esta situación. Es muy importante tener un plan de acción para abandonar esa relación; pero debes tener sumo cuidado si tu pareja tiene un arma de fuego en la casa. El momento más peligroso de tratar de escapar es cuando te encuentras en la “etapa de explosión”, puesto que el agresor, en un estado completo de rabia y enojo, puede hacer uso de algún tipo de arma y atentar contra tu vida o la de tus hijos.

En la actualidad, existen organizaciones donde te pueden ayudar. No dudes en acudir a ellas si eres víctima de la violencia doméstica.¡No esperes más!

Se pueden comunicar con la Doctora Luz María Villanueva González PhD, latino seminars.com (619) 434-7779.

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