April 28, 2006

LA COLUMNA VERTEBRAL
El Soporte Informativo Para Millones de Hispanos
Por John Suval

Intrépidos migrantes regresan con un canto

A medida que el tema de la inmigración se hace más candente en el país, millones de migrantes siguen inundando las fronteras de Estados Unidos en búsqueda de una vida mejor. Superando las duras condiciones climáticas y gigantescos obstáculos estos valientes viajeros revelan los increíbles esfuerzos que hacen los seres vivos en su lucha por la supervivencia. La primavera ya está aquí, y con ella las aves migratorias de América Latina y el Caribe están de regreso para llenar el país con sus colores y cantos.

El colorido colibrí que ahora revolotea en un patio de Michigan, hace apenas unas semanas encantaba a los pobladores de una villa en Panamá. Los pájaros que ahora maravillan a los que visitan el Parque Central de Nueva York, hasta hace poco llenaban de gracia los bosques de Colombia y otras regiones tropicales.

Estas criaturas son más que un presagio de la primavera, son los embajadores especiales de la naturaleza, uniendo a todo el continente americano con sus increíbles vuelos. El gavilán cola de tijera, siendo un volador intrépido, se aventura desde su región de apareamiento en la Florida hasta las ciénagas de Cuba, ignorando el congelamiento político que separa a estos dos países. Desde allí, esta elegante ave de presa vuela hasta Yucatán, a través de América Central, y sobre los Andes, para finalmente llegar a los pantanos del sur de Brasil, donde pasa el invierno.

Las aves migratorias son viajeros natos y por tanto constituyen una válvula inigualable de la salud ecológica del hemisferio. Y con muchas especies en declive, ellas presentan un reto urgente para que países en toda la región trabajen conjuntamente con la finalidad de asegurar que las futuras generaciones disfruten de sus bellos cantos.

“La migración de aves es una constante lucha por la supervivencia”, dice el biólogo mexicano Eduardo Iñigo-Elias, del Laboratorio de Ornitología de la Universidad de Cornell. “Las aves migratorias necesitan de iniciativas de conservación en las zonas de apareamiento, y en los sitios donde paran durante su trayecto, y también en el territorio donde pasan el invierno”.

De las más de 800 especies de aves que viven en Estados Unidos, unas 350 vuelan hacia el sur cuando se aproxima el invierno y comienzan a escasear los alimentos y albergues naturales. Una de esas aves, el chipe gorra negra, vuela directamente, y sin tocar tierra, desde el noreste de Estados Unidos hasta la América del Sur. Los colibríes recorren hasta 6,000 millas durante su migración desde Canadá hacia América Central, a pesar de no ser más grandes que el dedo pulgar de una persona. En plena ruta, estos pequeñitos pájaros en muchas ocasiones atraviesan sin parar el Golfo de México, sobrevolando poderosas corrientes de viento.

Para estas criaturas que tienen un sentido muy extenso de lo que es el “hogar”, cualquier alteración en el medio ambiente puede resultarles catastrófica. Muchas aves regresan y encuentran que su hábitat principal ha sido pavimentado para dar paso a un nuevo centro comercial u otro proyecto urbanístico. El envenenamiento con pesticidas, los choques con altos edificios y contra molinos de viento, los predadores naturales y la cacería  representan otras amenazas serias. Tan sólo en México, según Iñigo-Elias, los cazadores en apenas un año se han apoderado de 12,000 ejemplares de una especie, el colorín sietecolores, para vender estos bellos pájaros como mascotas en los mercados domésticos e internacionales.

“Cuando uno piensa en los obstáculos que estas aves enfrentan desde Estados Unidos hasta Centroamérica y Sudamérica, pasando por México y el Caribe, es sorprendente que puedan lograrlo”, dice Terry Rich, ecologista del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos.

Rich coordina el programa Compañeros en Vuelo, una iniciativa internacional que une a agencias gubernamentales, organizaciones no gubernamentales, universidades, empresas, individuos y otras entidades de todo el continente americano para proteger las aves migratorias y su crítico hábitat.

“Los esfuerzos de conservación en Estados Unidos por sí solos no van a salvar a nuestras aves”, dice Rich. “También tenemos que poner en práctica iniciativas de conservación en México, el Caribe, Centroamérica y Sudamérica. Estos pájaros deben tener un lugar donde vivir durante el invierno, pues de lo contrario van a morir”.

Las aves migratorias brindan numerosos beneficios para los humanos, desde el control de insectos y la polinización de plantas importantes desde el punto de vista económico, hasta el impulso que dan a la multimillonaria industria de la observación de aves.

Al final de cuentas, la única manera de calcular su valor es imaginar un mundo sin sus cantos.

Esta información llegó a ustedes gracias al apoyo de la Fundación Nacional de Pesca y Vida Silvestre (NFWF), la Oficina de Administración de Tierras (BLM) y el Servicio Forestal de los Estados Unidos.

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