April 21, 2006

Ley Televisa: Entregando los medios de México a unas cuantas manos

Por Luis Alonso Pérez

El Senado de México recientemente aprobó una ley que permite al gobierno extender concesiones de telecomunicación sin licitación a las grandes compañías de la comunicación del país, con la condición de que paguen una compensación económica fijada a discreción de las autoridades federales de comunicación.

Una acción –que en pocas palabras– entrega los modernos medios de comunicación digitales de México al poder de unos cuantos empresarios, al mismo tiempo que aplasta las posibilidades de las emisoras públicas de acceder a estos nuevos medios.

Para los analistas políticos, se trata de una maniobra de tiempos electorales del gobierno del Presidente Vicente Fox para favorecer al candidato de su partido a la presidencia, Felipe Calderón, tratando de asegurarle cobertura positiva en los noticieros de los medios comerciales.

Ley Express

Desde su concepción, la propuesta de reforma al artículo 28 de la Ley Federal de Radio y Televisión (LFRT) ponía en evidencia el poder de los medios comerciales de comunicación sobre los legisladores mexicanos, al contar con un gran número de “simpatizantes asegurados”, dispuestos a ceder ante las presiones corporativas y a abstenerse de alentar su rápida aprobación.

La clave para una rápida aprobación sin revisiones ni modificaciones fue que el país se encuentra en plena espera de las elecciones presidenciales, por lo que el apoyo de los medios comerciales a un candidato puede hacer o deshacer por completo sus campañas políticas.

Implicaciones Legales y Económicas

La modificación a la ley contempla en grandes rasgos otorgar facultades a los actuales concesionarios de los medios de comunicación analógicos para ampliarse a los nuevos medios digitales y hacer uso lucrativo de ellos, mediante una simple solicitud a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), la cual podrá requerir de una retribución económica.

El problema es que de ser aprobada, se dará paso libre al crecimiento de los contados grupos radiodifusores comerciales del país, y en particular a las dos grandes compañías televisoras de México: Televisa y Televisión Azteca, fortaleciendo el “duopolio televisor”, propietario del 94% de las estaciones de todo el país.

La propuesta de ley de inmediato fue bautizada con el nombre de la empresa que sin duda será la más beneficiada a su aprobación, de ahí que se le conozca como: Ley Televisa.

Al quedar el cobro de los permisos de concesión a discreción de la SCT, existe la posibilidad de que el pago de dicho pago sea indultado, lo que pudiera resultar en la pérdida de cientos millones de dólares que pudieran ser recaudados por la federación. Por el otro lado deja a las estaciones permisionarias o públicas (educativas, estatales, culturales, comunitarias) sin posibilidades de competir con las propuestas económicas de las grandes corporaciones ni de acceder a las nuevas tecnologías haciendo aún más difícil el acceso a una concesión.

Las modificaciones permiten la inversión extranjera directa en la radiodifusión, al equiparar sus reglas de inversión con las de la telefonía, donde sí es permitida. Además la iniciativa no establece límites de expansión a las empresas radiofónicas y televisivas, propiciando abiertamente la concentración de los medios a unas cuantos empresarios de la comunicación.

Resistencia a la ley

El 31 de marzo, tras 15 horas de sesión, la cámara de senadores favoreció a la reforma y fue aprobada con 81 votos en favor, 40 en contra y dos abstenciones. Sin embargo ha recibido fuerte oposición de parte de legisladores de todos los partidos políticos, incluyendo de miembros del Partido Acción Nacional (PAN) que actualmente se encuentra en el poder.

El resultado de las votaciones también generó amplias críticas y repudio de la comunidad intelectual del país, quienes consideraron la aprobación de la ley como uno de los episodios más vergonzosos de los últimos años de la historia de México.

El escritor Carlos Monsiváis declaró en la reconocida revista Proceso que “La ley, los métodos para obtener su aprobación, las demostraciones de humildad y humillación de PRI y PAN, así como la manera de centrar en el ‘mayoriteo’ la salud de la República, me resultan una vergüenza, un descaro y una gana de regresarnos a los tiempos de la única aldea y el cacique multiplicadito”.

Sin embargo el movimiento de inconformidad se vio consolidado cuando 17 estaciones pertenecientes al Instituto Mexicano de la Radio realizaron una protesta de 24 horas continuas en la que cada estación tocaba una sola canción por todo el día, intercalando anuncios en contra de la ley Televisa.

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