April 14, 2006

Comentario:

El Mito de Sensenbrenner

Por Humberto Caspa, Ph.D

Todo hace suponer que uno de los directores cinematográficos de renombre, como Steven Spilgberg o M. Night Shyamalan, ya ha encontrado el nombre idóneo para el rodaje de una película macabra, sin sentido e irracional. James Sensenbrenner suena tan aterrador como en su tiempo fueron Freddy Krugger y el Conde Drácula. Intimida, produce terror y crea incertidumbre.

A diferencia de las películas de ficción, la historia de Sensenbrenner es tan real como lo es un programa virtual de televisión. Su guión fue iniciado en el estado de Wisconsin por el representante republicano del mismo nombre. Nació, paradójicamente, al otro lado de los estados sureños, donde organizaciones como los de Ku Klux Klan, la nación Aria y otros grupos racistas plantaron las primeras huellas de odio contra grupos minoritarios.

Para que la historia de Sensenbrenner adquiriera pasajes más escalofriantes, los autores de esta propuesta migratoria aparentemente se guiaron por las ideas de Jim Gilchrist, líder supremo de los Minuteman, Barbara Coe, jefasa del California Coalition for Immigration Reform, y Joe Turner del grupo “Save Our State”. El Southern Poverty Law Center, organización que pone a la luz pública a individuos y grupos que incitan rencor en la sociedad, los cataloga como “asociaciones de odio”.

De acuerdo a Lisa McGirr, autora de un libro impecable, Suburban Warriors (Guerreros Suburbanos), muchos de estos grupos extremistas de la derecha provienen de una de las ciudades del Condado de Orange, en el sur de California. La tesis de su libro sustenta que esta nueva derecha radical ha tenido bastante influencia en el proceso político desde la década de los 1960, y que se contrapuso directamente al fenómeno progresista de ese periodo.

En otras palabras, los ultras de la derecha tienen el semblante reaccionario y no hace más que tratar de reinstitucionalizar aquellas prebendas intolerantes que tanto daño hicieron al país durante el periodo esclavista y la era segregacionista.

McGirr explica lucidamente que la emergencia de Barry Goldwater como candidato presidencial del partido republicano a mediados de los 1960 se debe precisamente a la politización de grupos con tendencias ultraconservadoras. Muchos analistas políticos coinciden con McGirr que, no obstante Goldwater perdió en esas elecciones, su candidatura fue elemento importante para reconfigurar el nuevo semblante de las bases republicanas del país. Es decir, ese movimiento que se gestó en el Condado de Orange ha posibilitado un proceso neo-conservador que se cristalizó con la llegada de Ronald Reagan a la presidencia de la república, y se ha fortalecido recientemente con la actual administración de George W. Bush, incluso anteriormente con su padre.

Entonces, no es coincidencia que en el área del Condado de Orange se iniciaran las políticas y proyectos políticos más retrógrados del país. La Iniciativa 187, misma que quiso, entre otras cosas, prohibir la educación pública a los niños indocumentados fue un artificio político visceral que nació aquí. Tampoco es coincidencia que en el gobierno de Costa Mesa, el alcalde Allan Mansoor esté trans-formando a la fuerza policial en una auténtica institución de inmigración.

Sólo en los gobiernos locales del Condado de Orange se permite la participación oficial de individuos como Martín H. Millard, cuyos principios políticos coinciden con las mismas premisas racistas de Adolfo Hitler.

Por si fuera poco, en Costa Mesa y Newport Beach está asentado una organización famosa llamada Institute for Historical Review (Instituto Revisionista de la Historia). Este grupo se caracteriza por negar la masacre de seis millones de judíos durante el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial. Sus miembros no creen que los Nazis hayan cometido crímenes atroces.

Así, el mito de Sensenbrenner tiene un lugar de origen. Para el infortunio de los latino-estadounidenses, particularmente para aquellos que no poseen documentos legales de inmigración en regla, Sensenbrenner ya se ha convertido en un proyecto de ley en la Cámara Baja del Congreso y es motivo de las recientes manifestaciones civiles de millones de personas.

El Senado está en proceso de producir otro proyecto de ley. Los dos proyectos tendrán que eventualmente conciliarse a través de un comité bipartito que reproducirá un proyecto final que regresará a las dos cámaras para su aprobación a través del voto individual de los representantes.

Por eso es muy importante que el proyecto del Senado sea lo más racional posible para que pueda contraponerse a la espeluznante figura de Sensenbrenner. De otra forma, 12 millones de personas serán los perjudicados.

Dr. Humberto Caspa es Profesor adjunto en la Universidad Estatal de California Long Beach. E-mail: hcletters@yahoo.com

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